La prensa sufre sutil y sistemáticamente la
reducción de su libertad.
Los multimedios privilegian la información propia,
desechan las noticias que no fueron obtenidas por sus periodistas y evitan lo
que se llama en la jerga “el rebote” (mención de información surgida en
otra fuente).
De forma directa se censuran aquellas críticas o
denuncias que involucran a empresas que tienen intereses en común con los
multimedios, quienes a su vez controlan el noventa por ciento de la información
nacional, solo el grupo Clarín tiene mas del 63 por ciento e la información*.
Todo esto transcurre frente al conjunto de quienes trabajan en los diarios,
revistas, radios y canales de televisión. Los criterios de esta compleja forma
de “censura” son imprecisos y nadie los explica. Los periodistas los
sospechan, los padecen y, de esta forma, sus márgenes de decisión se reducen.
Estos límites, al no estar determinados se potencian, se vuelven omnipresentes.
Entonces, recae en la decisión individual evaluar qué es lo que se escribe o
dice. Se consigue así delegar en los trabajadores de prensa
la responsabilidad por las políticas que el medio nunca termina de
confesar.
Evocando al sistema represivo utilizado por la
dictadura militar, que no aclaraba qué era lo que podía convertirnos en
desaparecidos –aumentando así la eficacia de la represión-, la falta de
un criterio claro en la censura amplía sus alcances sin el riesgo que implicaría
hacerlos explícitos.
Los periodistas terminan siendo autores del diseño de
la censura a veces justificada como “competencia entre medios”; y
obsecuentemente asumen resignados este estado de cosas. Por temor a perder sus
trabajos, siguen al pie de la letra el juego de la manipulación informativa.
Tampoco consideran necesario defenderse sindical o legalmente y crear mecanismos
que protejan su trabajo y al público en general, al que se le está omitiendo
información vital.
Ciudadano desaparecido
Recientemente, el grupo Vila-Manzano cerró en Rosario
al exitoso diario “El Ciudadano” que vendía 16000 ejemplares, dos mil menos
que el diario “La Capital”.
Lo cerraron para fortalecer al decano de Santa Fe y de
paso terminar con una voz independiente.
Durante el fin de semana largo del 1º de mayo el
grupo Vila despidió a aquellos periodistas de medios radiales que pudieran
hacerse eco de las denuncias de los despedidos de “El Ciudadano” y en una
operación al estilo de la inteligencia militar evitaron el costo político de
su plan.
El resto de los medios nacionales apenas mencionó el
cierre del diario. Para ellos todo esto no pasó, aunque consta que la información
fue difundida a las agencias de noticias y a la mayoría de los periodistas que
poseen correo electrónico.
Actualmente, el grupo Clarín está en tratativas de
comprar La Capital.
Meses atrás un movilero de Crónica TV fue atacado
duramente mientras realizaba su tarea y el episodio tampoco fue reflejado en
otros medios a pesar de constituir un claro atentado a la libertad de prensa.
Se puede afirmar que no existe actualmente un medio
independiente ni medios que ejerzan una total libertad de información.
Si bien es cierto que los medios como tales no tienen
restricción alguna ejercida desde el Estado para propagar noticias, esta
posibilidad es exclusiva de la dirección del medio .
No news, good news
Las empresas de servicios, hoy privatizadas,
constituyen un monopolio devastador para los ingresos de los consumidores. Esta
compleja trama de conexiones económicas y poder influye negativamente en el
libre flujo de la información y sobre la posibilidad del público consumidor de
evaluar y conocer arbitrariedades y precios comparativos está muy limitada.
Reducido el control del Estado en los servicios que
antes brindaba en todas las áreas, las críticas periodísticas o de los
consumidores que se realizaban a tales actividades hoy no se escuchan. Los
medios promovieron e insistieron sobre la ineficiencia estatal y ahora esconden
los abusos de las privatizadas. Ayudan a sustentar la creencia de que empresa
privada equivale a buen servicio, aunque la realidad demuestre lo contrario en
muchos aspectos.
Pero las empresas privadas, generalmente
multinacionales o grandes grupos, son las que publicitan en los medios y los
medios dependen de ellas para subsistir.
Este programa se comunica con...
Los teléfonos celulares argentinos, los más caros
del mundo, son facturados con un nivel de error casi delictivo siempre a favor
de las empresas, que no son puestas en tela de juicio ya que cuentan con la
complicidad del silencio de la mayoría de los programas periodísticos a
quienes se les entrega gratuitamente el servicio además de publicitar en ellos.
Las ganancias de las empresas telefónicas de red les
permitió, por ejemplo, recuperar su inversión entre 1991 y 1997, cuando ese
mismo proceso en cualquier otro país tarda entre 15 a 20 años. Asimismo, ambas
compañías siguen sin competir entre sí y ejercen una suerte de división
mafiosa del territorio. La libre competencia anunciada durante el proceso de
privatización aún no existe; sólo se abre a cuentagotas.
Un informe de Ámbito Financiero del 20 de enero de
este año aseguró que las empresas privatizadas de servicios llegan a ganar
entre el 35 y 42 por ciento sobre
la facturación anual, contra el 7 u 9 de promedio de
las empresas similares en los países centrales de donde provienen.
Otro estudio del Área de Economía y Tecnología de
FLACSO señala que la comparación entre el costo de una canasta típica de
consumo telefónico en relación con el salario industrial ubica a la Argentina
con diferencias exorbitantes con respecto a España, Francia, Estados Unidos y
el Reino Unido. En nuestro país, con un salario promedio de 649 dólares, el
costo de dicha canasta era de casi 40 pesos antes del rebalanceo telefónico. En
la actualidad es de 43,4. Casi lo mismo vale en Francia, pero con un sueldo de
1.739 dólares. En Estados Unidos, el precio de las mismas veinte llamadas
locales, el abono mensual y la conexión de una línea apenas alcanza a los 14 dólares,
contra un salario de 2.300 dólares.
Estos porcentajes de ganancia ubican a Telefónica y a
Telecom entre las empresas más rentables del mundo entero. Los márgenes de
utilidad promedio sobre ventas de las telefónicas argentinas son del 14,61%,
mientras que sus pares alemanas, francesas o italianas apenas llegan al 4%. No
debemos olvidar que los salarios que pagan las compañías en la Argentina son
sensiblemente inferiores a los internacionales y la incidencia en los costos de
los salarios es alta.
Las empresas de gas, que sólo cobran un peaje por transportar el fluido, ya marcaron otro récord mundial. Recuperaron la inversión en sólo dos años.
La suma
de todos los servicios que utiliza normalmente una familia, con
estos costos significan
una erogación mensual altísima y única en el mundo.
No tan santo
Pudimos comprobar que los programas que emplean la
lectura de llamados o cartas de oyentes, no leen aquellas quejas que involucren
a las empresas anunciantes. Esa censura no sólo se ejercita respecto de los
anunciantes del programa específico sino de la radio en total. Durante la
preparación de este informe, hicimos denuncias reales de defectos en los
servicios, abusos de tarifas, etc. en los principales programas periodísticos y
ninguna de ellas (más de cien) fueron pasadas al aire. En todos los casos las
quejas se referían a empresas que anunciaban en los programas de Santo
Biasatti, Marcelo Longobardi, Magdalena Ruiz Guiñazú, Daniel Hadad y Román
Lejtman.
Un periodista famoso, que hace alarde de ser
independiente desde que volvió a trabajar después de la dictadura, promociona
a una empresa de telefonía celular y una de las reglas (no tan borrosa)
impone no leer ningún mensaje de oyente que se queje por el servicio que
presta.
Edesur y Edenor son auspiciantes de este tipo de
programas. Demás está decir que si llega a haber algún problema con la
empresa eléctrica que anuncia en el programa (Edenor), y que los oyentes hacen
notar, esos mensajes no se hacen públicos.
Otros ejemplos del mismo programa: no se hizo mención
de un conflicto que Philco tuvo con sus empleados en su sede de Ushuaia, porque
los televisores que se sorteaban para los oyentes eran de esa marca. Era
imposible dejar mal parada a la empresa. Recientemente los ciudadanos de Bahía
Blanca tuvieron problemas con el agua que abastece Azurix, porque no era
potable. Uno de los directivos de esta empresa, que tiene su sede en La Plata,
también muy amigo de uno de los dueños de la
radio de barrio norte, suplicó que todos los programas de la emisora
hicieran una nota con el vocero de la empresa para explicar que el agua sí era
potable. Así se hizo.
A la inversa, una radio que emite prioritariamente
información deportiva armó desde el año pasado un programa periodístico
general por la mañana con el declarado fin de poder captar las pautas
publicitarias de las grandes empresas de servicios, que de otra manera no
entraban.
Un empleado de una empresa asesora de Aguas Argentinas
reveló que se le encargó que consiguiera la lista de todos los periodistas
de investigación o vinculados a estas temáticas para contactarlos y aceitar la
relación.
No hagan olas
La fórmula mágica de los niveles de ganancia de las
empresas privatizadas es disimulada y sostenida permanentemente por los medios
de comunicación. Las estrategias de difusión, que en casi todos los casos las
compañías se negaron a revelar por ser “confidencial” a pesar de tratarse
de información pública, es parte de ese “lavado de cara” que se financia
con publicidad, especialmente en la mayoría de los programas periodísticos. En
una aceptación de culpas indirecta, la empresa de electricidad Edenor se negó
a dar la lista de programas periodísticos sponsoreados por ellos, aduciendo que
es confidencial de la empresa. El motivo es obvio: la publicidad es fácilmente
visible en los programas donde aparece, pero la lista contiene pagos por
publicidad a programas periodísticos donde la publicidad no se ve porque
tampoco se oyen las críticas. En realidad las empresas de servicios tienen la
obligación de mostrar este tipo de datos al público pero se rehusaron a
hacerlo. Cabe recordar aquí que la anunciada competencia entre empresas no
existe ya que hasta hoy el consumidor argentino no puede elegir a su proveedor y
está obligado a aceptar las imposiciones arbitrarias de la empresa proveedora
que tiene asignado territorios inamovibles.
Entonces, si no se puede elegir la empresa de
servicios como si fuera una marca de cigarrillos, se hace inútil la publicidad
como instrumento de venta.
Usualmente en otros países, las empresas hacen lo que
se llama “aviso institucional” y optan por aportar, mediante la publicidad,
fondos a la cultura o la investigación científica como parte de su devolución
a la sociedad. Que la opción argentina sean los programas de investigación
periodística es todo un dato.
www.lenteja.com
En el caso de Internet se puede elegir proveedor, pero
todos los proveedores terminaban pasando por el filtro de Telintar, y ahora lo
hacen el de Telefónica y Telecom que manejan el monopolio de un servicio carísimo
y de baja calidad comparativa. La velocidad de transferencia llega a ser diez
veces más lenta que la de los países centrales. Esto no sólo aumenta
innecesariamente el tiempo para navegar y bajar archivos sino que hay muchas
utilidades como escuchar radio on-line, usar comunicaciones telefónicas por la
red o mirar videos que se hacen imposibles. Además, al estar más tiempo
conectado, las compañías aumentan los pulsos telefónicos facturados. De ahí
su lento interés por mejorar el servicio, cosa que sería de fácil
realización.
La información y los medios de comunicación son
parte del sistema nervioso de una sociedad. La calidad de esa información
determina en gran medida el criterio de realidad de un país.
Si la realidad no se ve reflejada adecuadamente, el
receptor tiende a tomar decisiones equivocadas y a entrar en crisis. La sociedad
siente que el Estado no opera en su misma dirección aumenta
desproporcionadamente lo que se conoce como autonomía relativa de los
individuos. Si el poder no se readapta frente a los signos que la sociedad
le está mandando a través de esa autonomía, ésta sigue aumentando y
potencialmente el sistema peligra ya que la violencia suele presentarse como la
única opción.
Los multimedios deciden, por ejemplo a que políticos
se les otorga espacio y a cuales se oculta o disminuye su presencia en los
medios. El público decide entre opciones acotadas y por supuesto generalmente
entre candidatos que no pretendan alterar el status quo. Si los periodistas no
cumplen con su rol principal que es informar, pasan necesariamente a engrosar la
lista de “entertainers” y periodistas estrella, justificados en una
suerte de nueva obediencia debida, nutren a los medios de hechos de violencia,
alcahueterías menores para suplantar la falta de libertad, de reflejo de la
realidad así como de imaginación y alimentan las rotativas con contenidos
perversos, colaborando en el diseño de un
futuro mediocre, violento y poco alentador.
Desde el gobierno de De la Rua, se insiste en la
necesidad de participar de la globalización, la libre empresa y toda la
parafernalia económica propuesta por el Fondo Monetario. No se advierte que aún
en los países centrales existen leyes y normas que protegen a los ciudadanos
del peligro de la monopolización de la información. En los Estados Unidos ,
para garantizar la libertad de prensa, no se permite a los grandes grupos
controlar mas del treinta por ciento de la información de una zona de
influencia.
En la Argentina, los radicales, a pesar de haber
sufrido históricamente las consecuencias de una prensa manipulada y adversa que
le costó golpes de estado y fracasos exagerados, no parecen dispuestos a
enfrentar este problema crucial.