Ni antes es como antes

Por Gabriel levinas

 

Graciela Römer es una de las más prestigiosas consultoras de tendencias. En este reportaje nos habla del futuro incierto que perciben la mayoría de los argentinos

 

-Hay un sector que visualiza, desde el punto de vista económico, un futuro más promisorio y coincide con el sector que hoy está insertado claramente. Es el sector de los incluidos y no de los excluídos. Desde el punto de vista del dato duro proveniente de una encuesta, lo único que nosotros hacemos es medir y evaluar el nivel de expectativa que se puede tener en cuanto a desarrollo personal. Pero efectivamente hay una clara relación entre privación actual, de  minusvalía en la posición social con respecto a otros sectores y proyección hacia futuro.

-¿Cuáles son los datos que tienden a coincidir en la percepción del futuro?

-Nosotros hicimos una pregunta vinculada a cómo se percibe el mundo de hoy en relación al mundo de los padres y a cómo va a ser el mundo de sus hijos para ver si efectivamente había expectativas favorables de un mundo mejor, por lo menos para la próxima generación. Es interesante observar que la gran mayoría -en esto sí hay un acuerdo general obviamente por razones muy diversas- tiende a pensar que el mundo del pasado, de los padres, fue mejor que el mundo de hoy y además tienen expectativas muy fuertes con respecto a que el mundo del futuro va a ser mejor para sus hijos.

-Antes escuchábamos eso de los viejos, ahora también lo dicen los jóvenes.

-Absolutamente. Cuando te hablo de jóvenes son de entre 18 y 25 años.

-¿Esto pasaba antes?

-Te diría que se ha agudizado pero ¿por qué pasa esto? Las tasas de desempleo más altas se registran en segmentos entre 18 y 22 y 23 años y evidentemente también los jóvenes participan de esta idea general vinculada a la baja posibilidad de proyectarse en el futuro a través del trabajo. Hoy tenemos una población juvenil absolutamente por fuera del mercado laboral a la que le cuesta proyectarse en términos de desarrollo individual. Este es el punto.

-Antes la gente terminaba de estudiar y empezaba a trabajar. ¿Cambió ese momento de intentar ingresar al mercado laboral?

-Es interesante lo que planteás en relación al tema de la educación. En la generación de nuestros padres, inclusive la de nuestros abuelos, era el reaseguro de la movilidad social ascendente. Esto ha dejado de suceder hace mucho tiempo. Una de las razones por la cual hay tanta presión sobre el tema educativo y hay tan mala imagen del sistema educativo tiene que ver con la idea de que la educación ya no es el reaseguro para poder ascender socialmente. No solamente la educación ya no sirve para insertarse en el mercado laboral sino que la visión, la idea de poder crecer y avanzar económica y socialmente a través de la educación ha pasado a ser ni siquiera un mito. Esta es una de las grandes frustraciones que existe en los argentinos: ver cercenados absolutamente los canales de movilidad social. Este es el gran problema social que hoy tiene la clase media y es una de las razones de malhumor y pesimismo generalizado en los sectores medios.

-Decís que la educación no es lo que asegura crecer socialmente, ¿qué es lo que te asegura? ¿cuáles son los parámetros para poder saber que alguien sube o baja de nivel?

-La pregunta está mal formulada, esa no es la pregunta. El tema es que hoy las vías de acceso a la riqueza son muy variadas. Lo que te puedo decir es que la cultura rentística-financiera, la mala praxis y la corrupción han sido canales de enriquecimiento y movilidad social para importantes sectores.

¿ hubo otro momento en que las personas sintieron estas cosas y que otras cifras son coincidentes con esta situación?.

-El inicio de la gestión menemista, por ejemplo. En el año '89-'90, y a pesar de que la situación económica era igual o más dramática que la existente actualmente con el agravante del proceso inflacionario

-Pero con un índice de desempleo menor...

-Con un índice de desempleo menor pero sabés que la inflación ataca muy especialmente a los sectores de menor nivel de recursos. Los sectores que tienen un mínimo de capacidad de ahorro tienen posibilidades de defenderse de la inflación de mejor manera que los sectores que solamente consumen con sus ingresos. Sin embargo, en ese momento a pesar de que el gobierno estaba muy mal evaluado, casi peor que los bajos niveles de aprobación que tiene la gestión delarruista en la actualidad, las expectativas de mejora personal y del país eran mucho más altas que ahora porque la gente había comprado esta idea de posibilidad de entrar al primer mundo, había comprado las privatizaciones, la desregulación, gran parte de lo que era el discurso hegemónico del momento. Esta idea era que la apertura iba a incidir en el logro de un desarrollo importante del país. En ese marco, a pesar de que la gente estaba mal, tenía expectativas favorables. Hoy estamos frente a una sociedad muy descreída no solamente de la dirigencia política, de los partidos o del Congreso, sino descreída del conjunto de las instituciones. Descree de las fuerzas armadas, de la iglesia, de los grandes empresarios.

-De los medios.

-También ahora, desde hace dos o tres años, descree de los medios. Hasta hace tres años, la escuela pública y los medios de comunicación, y más abajo la iglesia, eran las tres instituciones referenciales para los argentinos. Hoy, inclusive la iglesia, tiene una posición oscilante frente a la sociedad. Los niveles de aprobación oscilan en función de la participación coyuntural que la iglesia tiene sobre el tema social. Cuando la gente percibe que la iglesia sale a defender el interés de los pobres, sube su aprobación; cuando se retira, baja. En realidad, estamos frente a una situación de alto desprestigio institucional y frente a una ciudadanía muy escéptica respecto a las posibilidades de cambiar el cuadro de situación. Por eso me parece, y este es otro tema importante, el aumento de valores autoritarios en la población. En la medida que mi autoestima no logra crecer y, de alguna manera, mis metas son de difícil realización la gente tiende a proyectar mágicamente en figuras salvadoras que puedan marcar el camino. En este marco, la profundización de valores autoritarios empieza a emerger. Nosotros venimos evaluando este indicador de "orden y seguridad" como valor frente a "democracia y libertad" en términos de qué es lo mejor para el desarrollo del país. Fijate que viene pasando. En diciembre de 1989, situación crítica pero neutralizada con las expectativas que genera todo recambio electoral, ambas opciones tenían peso semejante. Con la agudización de la situación económica crece la demanda de orden y seguridad por sobre la de democracia y libertad. Esto cambia drásticamente a partir del Plan de Convertibilidad. De ahí en más, la demanda de orden y seguridad cae y queda en una situación más o menos estable que además coincide con el peso relativo que el segmento autoritario tiene en nuestra sociedad, que es aproximadamente de un 25% o 30% de la población.

Fijate que es lo que empieza a suceder del 96, 97, hay una tendencia creciente, tiene que ver con que en el 95 se produce el pico máximo de desempleo, la demanda de orden y seguridad no ha parado desde el 96.

- Pesado. ¿Y cuál es la perspectiva?

- Yo que sé, yo no soy bruja. Yo te puedo señalar lo que a mi modo de ver son riesgos para nuestro sistema político. Creo que de sostenerse este cuadro de situación se va a incrementar la demanda de cierto tipo de liderazgos, de tipo mesiánicos, populista, que de alguna manera puedan contener la angustia de la gente.

- Ese es el riego.

- Por supuesto. Y fijate que esto no es novedad en América latina en los últimos años. Fijate lo que pasa en Venezuela, lo que pasa en Paraguay, en Perú o en Ecuador. Entonces las democracias en América latina están ante altísimos riesgos que no pasan ya como en los setenta, por la hipótesis de quiebre institucional, pero sí por una hipótesis que a mi mode de ver es igual de riesgosa, que tiene que ver con la emergencia de liderazgos populistas en la región.

- Cuales son los últimos datos de medición del nivel de popularidad del gobierno y de De la Rúa?

- 33% de evaluación positiva, 51% de evaluación negativa con una caída de 20 puntos en último bimestre.

-Eso es el gobierno.

- La evaluación de la gestión del presidente De la Rúa. La imagen personal del presidente es mejor, estaba en el 68%, y ahora llega al 41%, logra mantenerse por arriba de la imagen de gestión pero de todas maneras acompaña la retracción de expectativas de la gente en relación a la gestión de gobierno.

-Y qué político tiene más del 41%?

-El único político que tiene un poco más es Ester Ruckauf que tiene 44%.

-Y Lilita cuánto tiene?

-Lilita tiene un problema que es el desconocimiento, no puede ser medida como el conjunto de los políticos, si la medís como el conjunto de los políticos cae porque tiene un nivel de desconocimiento en el área metropolitana que todavía es importante, entre los que la conocen su imagen supera el 50%, pero tenés un porcentaje de cerca del 40% que no la conocen y no emiten opinión, y al no emitir opinión te baja el porcentaje de imagen favorable, pero entre los que la conocen tiene una imagen excepcional.

-No es una falta de aceptación de la realidad. Me parece que es una lectura de la realidad coincidente con una posición ideológica y una concepción de modelo de sociedad.

-Lo hacen así: mal y a propósito.

-Creo que vos estás convencido, y mucha otra gente, que no es el camino correcto. Creo que el gobierno está absolutamente convencido de que es el camino correcto.

-¿A vos qué te parece?

-Yo creo que no es el camino correcto, sin lugar a dudas. Independientemente de esta medida, creo en las políticas activas y en el rol del Estado.