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La simulación Por Gabriel Levinas y Cecilia Moguilansky La trama de encubrimiento que se fue construyendo a lo largo de los meses siguientes al atentado involucra a parte de la querella, al Juez, a la Policía Federal y a la SIDE. Seis años después, no sabemos que pasó en la AMIA y mucho menos quienes fueron los autores el atentado.
A
pocos metros de arrancar, el motor se detuvo y con el envión pudo
alcanzar la vereda, después de pasar frente a un volquete recién dejado
allí por un camión amarillo y rozando una Fiorino blanca. Se bajó, abrió
el capót y se puso a solucionar el desperfecto. Por
la vereda pasaba caminando Rosa Barreiros con su hijo tomado de la mano.
Desde la agencia del Prode de Pasteur 611, un barrendero de Manliba venía
hacia el volquete para depositar los residuos que le habían entregado. Después
de dejarlos, miro hacia la calle Tucumán, y cuando vio que no venía ningún
vehículo cruzó Pasteur. En
la otra cuadra, cruzando la esquina de Viamonte, Gabriel Villalba les hacía
la guardia a sus compañeros mientras descargaban mercadería del vehículo
mal estacionado, vigilando que no apareciera la camioneta del cepo (Trafic
blanca) para evitar la multa. Joffe
bajó la cabeza para seguir con la reparación y vio pasar a su lado a un
señor con bigotes, en dirección a la AMIA. Cuando
el barrendero subió el pie al cordón de la vereda
sintió un terrible golpe en la espalda y fue arrojado inconsciente
hacia el edificio de enfrente. Joffe
quedo aturdido pero milagrosamente, como el barrendero, salvo su vida. Tal
vez el capo hizo de escudo. Al volver
en sí, se encontró en el suelo sin poder moverse, golpeado, sangrando y
con un zumbido en sus oídos que no se le quita al día de hoy. A su
alrededor todo era humo, escombros, corridas
y confusión. Mientras tanto Rosa Barreiros, con el brazo
destrozado, buscaba a su hijo. Bola de fuego Villalba,
aún parado en su lugar, vio como una bola de fuego salía y volvía hacia
la AMIA que se derrumbaba dejando toda la zona cubierta de una nube de
polvo blanco. Una tapa redonda de metal, posiblemente de un tanque de
combustible de 200 litros, cayó junto a el. Otra
señora que caminaba frente a la peluquería,
a más de 60 metros de la explosión, moría degollada por un pedazo de
volquete. Villalba,
que esperaba un vehículo blanco para evitar la infracción, (el que usa
la empresa de estacionamiento), vio la explosión pero jamás vio lo que
intentaba detectar: una Trafic igual a la que según los encubridores y
los crédulos causó la explosión.
Ese fue sólo el comienzo de una agonía que
no termina. Inteligente y oportuno Rubén
Beraja, junto a otros dirigentes comunitarios que estaban tomando un café
a pocas cuadras de la calle Pasteur, corrieron hacia el lugar.
Beraja, un hombre carismático, inteligente y con gran sentido de la
oportunidad, comprendió rápidamente que este nuevo atentado constituía
un posible ascenso en su carrera; podía ser aprovechado y así fue. Su
banco, virtualmente arruinado, creció como ningún otro hasta el año
1997, más de catorce veces
desde el atentado. A
pesar de ser abogado y por lo tanto conocer a las claras las características
de la causa, Beraja dejó pasar un año antes de llamar a penalistas con
experiencia para integrar la mesa de abogados encargados de la querella
por parte de la DAIA. Al hacerlo, se encargó de entorpecer sistemáticamente
su tarea. Los penalistas contratados, nunca tuvieron
acceso a las fotocopias de la totalidad del expediente. La causa
creció más de 600 fojas por semana durante los primeros meses y a pesar
de ello, recién tres años después, comenzó a informatizarse. Por
otra parte la Amia, también constituida como querellante, puso a Luis
Dobniewsky a cargo. Dobniewsky fue la pieza fundamental que utilizaron
Beraja y Galeano para llevar adelante las directivas del gobierno de
desviar la investigación. Defensor de la contra Dobniewsky
ya conocía a Carlos Alberto Telleldín desde antes del atentado; como
penalista había resuelto problemas de papeles de los autos truchos y se
registraron llamadas de su estudio a la casa de Telleldín hasta cuatro días
antes del día de la explosión. Tiempo atrás, había defendido a varios
integrantes de la banda de Telleldín padre, jefe de la inteligencia
cordobesa en la época del proceso y fundador en Córdoba de la triple A y
del Comando Libertadores de América. Dobniewsky,
dotado de más conocimiento en el manejo de los medios que de conocimiento
legal, fue el encargado -cuando no lo hacía el propio juzgado- de
suministrar a la prensa información de la causa, manipulando así a la
opinión pública. Para eso fueron escogidos columnistas o periodistas de
los distintos medios que por tener acceso al expediente se convirtieron rápidamente
en los cuadros del ocultamiento de la verdad, en coincidencia con la
verdad oficial. El
propio Galeano se reunió con Clarín para arreglar un pacto a través del
cual el diario compraba la versión oficial y a cambio recibía
tratamiento especial del juzgado, que le suministró de ahí en más todas
las primicias y elementos del expediente para avalar dicha versión. Todos tapan La
relación promiscua entre la fiscalía, representante del Estado, y el
juez de la causa es evidencia de la falta de independencia de la justicia
en el caso. Se
desecharon cientos de testimonios, sobre todo de los heridos en el
atentado y de personas que se presentaron espontáneamente y que nadie se
encargo de escuchar antes de descartar. Un
ejemplo de esto es el caso
del periodista de radio Mitre, Carlos Bianco. A
los veinte minutos del atentado estaba transmitiendo en directo para la radio desde la calle
Pasteur. A su lado, a pocos metros un policía o servicio, vestido de
civil encontró partes de un motor y lo metió en varias bolsas de plástico
negro. Bianco lo interrogó al aire y el personaje respondió que se
trataba de partes de un motor de Renault 12 o de una Trafic. Cuando
Bianco se enteró días después que la policía había encontrado el
motor el día 25, decidió denunciar el doble hallazgo a la fiscalía. Fue
acompañado por otra persona que sirve de testigo. La fiscalía le tomó
declaración pero luego esta fue cajoneada. Lavando pruebas Cualquiera
sea el motor y la participación que este tuvo en el origen del atentado,
esta pieza de evidencia fue depositada bajo custodia del departamento de
Protección del Orden Constitucional, POC. Quien se hallaba a cargo de la
investigación en esa dependencia era el Comisario Inspector Carlos
Antonio Castañeda. Allí
estuvo detenido Carlos Telleldín, su hermano y un gordito que trabajaba
en uno de los talleres de la banda de Telleldín. En ese mismo lugar,
estuvo detenida por otras causas la mujer de Gorriarán Merlo y también
presencio la siguiente escena: Castañeda pidió a los tres hombres
detenidos que limpiaran el motor con kerosén porque estaba sucio de
pedazos de mampostería. Así lo hicieron, y de este modo se borró parte
de la historia probatoria que nos permitiría saber con certeza si la
pieza contenía residuos de material explosivo. Castañeda
hoy se encuentra procesado por ocultamiento de pruebas pero desde la
explosión hasta su
procesamiento tuvo cuatro años para desviar la investigación. Todo el
expediente se basa en la “investigación” que él llevo a cabo. Diagnóstico inmediato A
pocos minutos de producido el atentado, el gobierno y los servicios de
inteligencia se encargaron de culpar al gobierno iraní. Lo extraño es
que por primera vez, si la acusación fuera cierta, el Hezbollah o el
partido de dios, contrata a ladrones y policías corruptos para el
trabajo. Los atentados de esta clase son considerados por ellos como un
acto religioso y de fe. Es un honor formar parte del equipo y jamás en su
historia delegaron una misión sagrada, ni confiaron en alguien que no
perteneciera a sus filas. Rogelio
Cichowolsky, actual presidente de la DAIA y hombre íntimamente ligado a
Rubén Beraja, es el encargado de la continuidad en el manejo del caso por
parte de la querella, o más precisamente de salvarle la ropa al
juez Galeano. Junto con Dobniewsky, ahora procesado por sus
vinculaciones al narcotráfico, y a la doctora Narcellas, abogada de Beraja en parte de sus
causas penales por la estafa del Banco Mayo, compraron la versión oficial
e insisten hasta hoy en una débil defensa basada en pruebas inexistentes
y falsedades preparadas por los mismos policías que actualmente están
procesados por ocultamiento de pruebas. Aceptan
las pericias oficiales sin chistar y contrataron para reforzar su posición
al experto en explosivos, comandante Laborda, de gendarmería nacional.
Una vez contratado, este cambió su hipótesis inicial acerca de una
explosión interna y aceptó también la teoría oficial del coche bomba. Amia y gobernabilidadLa
comisión Parlamentaria elogió sistemáticamente el trabajo realizado por
Galeano, en otra demostración de la voluntad política destinada a
conservar el status quo y evitar una investigación que pusiera en jaque
al gobierno de Menem, antes, y ahora al pacto de gobernabilidad, entre
aquel y De la Rúa. Galeano
es el principal responsable de la investigación, hoy criticada por la
propia cámara federal, que recientemente dictaminó que la causa fue
llevada con lentitud y calificó la labor del juez como poco fructífera.
Además le exigió una serie de medidas y la profundización de pistas que
Galeano, con el aval de todos los sectores antes mencionados, omitió
realizar. Entre
las fallas y delitos mas notables cometidos por el juzgado y la fiscalía
podemos destacar que el
juez cometió por lo menos cuatro delitos flagrantes en el transcurso de
la causa, además de un sin fin de irregularidades. Mandó
a peritar el motor para encontrar restos de explosivos cuatro años después
de la bomba y no observo las normas procesales en la recolección de las
pruebas fundamentales para determinar el origen de la explosión. El
juez permitió que se tirara con una topadora una gran cantidad de pruebas
al Río de la Plata desde la ciudad universitaria,
o que se transitara con libertad por
ese predio para robar o agregar elementos probatorios. Tarde
pero seguro
Después
de tres años solo se habían juntado piezas de vehículos diversos que el
POC atribuyo como pertenecientes a un vehículo Trafic cuya totalidad no
superaba el diez por ciento de la camioneta. En todos los atentados
registrados en el mundo y realizados con coches bomba,
siempre queda en el lugar mismo de la explosión o cerca del cráter
no menos del 35 al 40 por ciento del vehículo. Como se insistió desde la
investigación periodística realizada por medios independientes, el
juzgado dice tener ahora, milagrosamente, mas del 70 por ciento del vehículo.
Estas “nuevas pruebas” fueron secuestradas con posterioridad de
desarmaderos y talleres vinculados a la banda de Telleldín, pero de ningún
modo podemos asegurar que hayan estado, ni siquiera, durante la explosión. Tampoco
se investigaron las mentiras de la única testigo que dice haber visto una
Trafic segundos antes del estallido. No existe un solo testigo presencial
- a pesar de que hubo decenas de ellos en el momento del hecho- que haya
visto circulando o estallando vehículo alguno. De todos modos, en el
barrio del Once donde se transportan numerosos tipos de mercadería es
imposible caminar un lunes por la mañana cuatro cuadras sin toparse con
varios vehículos de carga con estas características. Apuntalando
mentiras
Galeano
sobornó en distintas oportunidades -la más notoria está en el video de
Cúneo Libarona- al imputado en la causa Carlos Alberto Telleldín. Además,
permitió toda clase de interferencia política en el caso. Nunca tomo las
medidas necesarias dentro del expediente ni dentro de las instancias
judiciales correspondientes para exigir el apoyo necesario de las fuerzas
de seguridad que investigan el caso. Por
otra parte, el juez omitió permanentemente investigar la conexión local.
Liberó a sospechosos fundamentales ligados al poder menemista, entre
ellos, a Nassib Hadad que compró -como consta en el expediente-
el explosivo necesario para cometer el atentado y dejo un volquete
en la puerta de la Amia cinco minutos antes de la explosión. Nadie niega
alguna clase de participación de este volquete en el hecho, a pesar de
que el pedido fue anulado el día anterior por el arquitecto Malamud -como
consta en el expediente- y se llegó a falsificar su firma para justificar
su presencia en el lugar.
Basados
en el expediente del caso Amia , difícilmente
podemos arriesgar los motivos o las conexiones que posibilitaron el
desvío de la investigación como tampoco dilucidar enteramente las causas
por las cuales los miembros prominentes de la comunidad judeo-argentina
aceptaron mansamente la a todas luces falsa versión oficial. No
caben dudas de la irresponsable y obsecuente conducta del juez que deberá
ser reemplazado para intentar nuevamente llegar a la verdad. Resolver
este caso paradigmático, el caso mas importante de la historia
penal argentina desde el
juicio a la junta de comandantes , implica
penetrar en un sistema de impunidad que alcanza a las mas altas esferas
del poder menemista, a las mafias policiales y que
también se conecta con los casos mas importantes de corrupción de
los últimos años tales como el contrabando de armas, la causa del oro ,
el atentado a la Embajada de Israel etc. Pero
lo que hace mas difícil encontrar la verdad es que una investigación
profunda echaría por tierra el pacto de impunidad o gobernabilidad
cerrado por el Delaruismo con el menemismo.
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