La simulación

Por Gabriel Levinas y Cecilia Moguilansky


 La trama de encubrimiento que se fue construyendo a lo largo de los meses siguientes al atentado involucra a parte de la querella, al Juez, a la Policía Federal y a la SIDE. Seis años después, no sabemos que pasó en la AMIA y mucho menos quienes fueron los autores el atentado.

 

Después de dejar a sus compañeros con los materiales y herramientas en la puerta de Pasteur 633 Daniel Joffe, electricista contratado por la Amia, volvió a poner en marcha su Renault 20 para estacionar y regresar al edificio.

A pocos metros de arrancar, el motor se detuvo y con el envión pudo alcanzar la vereda, después de pasar frente a un volquete recién dejado allí por un camión amarillo y rozando una Fiorino blanca. Se bajó, abrió el capót y se puso a solucionar el desperfecto.

Por la vereda pasaba caminando Rosa Barreiros con su hijo tomado de la mano. Desde la agencia del Prode de Pasteur 611, un barrendero de Manliba venía hacia el volquete para depositar los residuos que le habían entregado.

Después de dejarlos, miro hacia la calle Tucumán, y cuando vio que no venía ningún vehículo cruzó Pasteur.

En la otra cuadra, cruzando la esquina de Viamonte, Gabriel Villalba les hacía la guardia a sus compañeros mientras descargaban mercadería del vehículo mal estacionado, vigilando que no apareciera la camioneta del cepo (Trafic blanca)  para evitar la multa.

Joffe bajó la cabeza para seguir con la reparación y vio pasar a su lado a un señor con bigotes, en dirección a la AMIA. 

Cuando el barrendero subió el pie al cordón de la vereda  sintió un terrible golpe en la espalda y fue arrojado inconsciente hacia el edificio de enfrente.

Joffe quedo aturdido pero milagrosamente, como el barrendero, salvo su vida. Tal vez el capo hizo de escudo. Al  volver en sí, se encontró en el suelo sin poder moverse, golpeado, sangrando y con un zumbido en sus oídos que no se le quita al día de hoy. A su alrededor todo era humo, escombros, corridas  y confusión. Mientras tanto Rosa Barreiros, con el brazo destrozado, buscaba a su hijo.

Bola de fuego

 

Villalba, aún parado en su lugar, vio como una bola de fuego salía y volvía hacia la AMIA que se derrumbaba dejando toda la zona cubierta de una nube de polvo blanco. Una tapa redonda de metal, posiblemente de un tanque de combustible de 200 litros, cayó junto a el.

Otra señora que caminaba frente a la  peluquería, a más de 60 metros de la explosión, moría degollada por un pedazo de volquete.

Villalba, que esperaba un vehículo blanco para evitar la infracción, (el que usa la empresa de estacionamiento), vio la explosión pero jamás vio lo que intentaba detectar: una Trafic igual a la que según los encubridores y los crédulos causó la  explosión. Ese fue sólo el comienzo de una agonía que  no termina.

Inteligente y oportuno

 

Rubén Beraja, junto a otros dirigentes comunitarios que estaban tomando un café  a pocas cuadras de la calle Pasteur, corrieron hacia el lugar. Beraja, un hombre carismático, inteligente y con gran sentido de la oportunidad, comprendió rápidamente que este nuevo atentado constituía un posible ascenso en su carrera; podía ser aprovechado y así fue. Su banco, virtualmente arruinado, creció como ningún otro hasta el año 1997,  más de catorce veces desde el atentado.

A pesar de ser abogado y por lo tanto conocer a las claras las características de la causa, Beraja dejó pasar un año antes de llamar a penalistas con experiencia para integrar la mesa de abogados encargados de la querella por parte de la DAIA. Al hacerlo, se encargó de entorpecer sistemáticamente su tarea. Los penalistas contratados, nunca tuvieron  acceso a las fotocopias de la totalidad del expediente. La causa creció más de 600 fojas por semana durante los primeros meses y a pesar de ello, recién tres años después, comenzó a informatizarse.

Por otra parte la Amia, también constituida como querellante, puso a Luis Dobniewsky a cargo. Dobniewsky fue la pieza fundamental que utilizaron Beraja y Galeano para llevar adelante las directivas del gobierno de desviar la investigación.

Defensor de la contra

 

Dobniewsky ya conocía a Carlos Alberto Telleldín desde antes del atentado; como penalista había resuelto problemas de papeles de los autos truchos y se registraron llamadas de su estudio a la casa de Telleldín hasta cuatro días antes del día de la explosión. Tiempo atrás, había defendido a varios integrantes de la banda de Telleldín padre, jefe de la inteligencia cordobesa en la época del proceso y fundador en Córdoba de la triple A y del Comando Libertadores de América.

Dobniewsky, dotado de más conocimiento en el manejo de los medios que de conocimiento legal, fue el encargado -cuando no lo hacía el propio juzgado- de suministrar a la prensa información de la causa, manipulando así a la opinión pública. Para eso fueron escogidos columnistas o periodistas de los distintos medios que por tener acceso al expediente se convirtieron rápidamente en los cuadros del ocultamiento de la verdad, en coincidencia con la verdad oficial.

El propio Galeano se reunió con Clarín para arreglar un pacto a través del cual el diario compraba la versión oficial y a cambio recibía tratamiento especial del juzgado, que le suministró de ahí en más todas las primicias y elementos del expediente para avalar dicha versión.

Todos tapan

 

La relación promiscua entre la fiscalía, representante del Estado, y el juez de la causa es evidencia de la falta de independencia de la justicia en el caso.

Se desecharon cientos de testimonios, sobre todo de los heridos en el atentado y de personas que se presentaron espontáneamente y que nadie se encargo de escuchar antes de descartar.

Un ejemplo de esto es  el caso  del periodista de radio Mitre, Carlos Bianco.

A los veinte minutos del atentado estaba  transmitiendo en directo para la radio desde la calle Pasteur. A su lado, a pocos metros un policía o servicio, vestido de civil encontró partes de un motor y lo metió en varias bolsas de plástico negro. Bianco lo interrogó al aire y el personaje respondió que se trataba de partes de un motor de Renault 12 o de una Trafic.

Cuando Bianco se enteró días después que la policía había encontrado el motor el día 25, decidió denunciar el doble hallazgo a la fiscalía. Fue acompañado por otra persona que sirve de testigo. La fiscalía le tomó declaración pero luego esta fue cajoneada.

Lavando pruebas

 

Cualquiera sea el motor y la participación que este tuvo en el origen del atentado, esta pieza de evidencia fue depositada bajo custodia del departamento de Protección del Orden Constitucional, POC. Quien se hallaba a cargo de la investigación en esa dependencia era el Comisario Inspector Carlos Antonio Castañeda.

 

Allí estuvo detenido Carlos Telleldín, su hermano y un gordito que trabajaba en uno de los talleres de la banda de Telleldín. En ese mismo lugar, estuvo detenida por otras causas la mujer de Gorriarán Merlo y también  presencio la siguiente escena: Castañeda pidió a los tres hombres detenidos que limpiaran el motor con kerosén porque estaba sucio de pedazos de mampostería. Así lo hicieron, y de este modo se borró parte de la historia probatoria que nos permitiría saber con certeza si la pieza contenía residuos de material explosivo.

Castañeda hoy se encuentra procesado por ocultamiento de pruebas pero desde la explosión  hasta su procesamiento tuvo cuatro años para desviar la investigación. Todo el expediente se basa en la “investigación” que él llevo a cabo.

Diagnóstico inmediato

 

A pocos minutos de producido el atentado, el gobierno y los servicios de inteligencia se encargaron de culpar al gobierno iraní. Lo extraño es que por primera vez, si la acusación fuera cierta, el Hezbollah o el partido de dios, contrata a ladrones y policías corruptos para el trabajo. Los atentados de esta clase son considerados por ellos como un acto religioso y de fe. Es un honor formar parte del equipo y jamás en su historia delegaron una misión sagrada, ni confiaron en alguien que no perteneciera a sus filas.

 

Rogelio Cichowolsky, actual presidente de la DAIA y hombre íntimamente ligado a Rubén Beraja, es el encargado de la continuidad en el manejo del caso por parte de la querella, o más precisamente de salvarle la ropa al  juez Galeano. Junto con Dobniewsky, ahora procesado por sus vinculaciones al narcotráfico,  y a la doctora Narcellas, abogada de Beraja en parte de sus causas penales por la estafa del Banco Mayo, compraron la versión oficial e insisten hasta hoy en una débil defensa basada en pruebas inexistentes y falsedades preparadas por los mismos policías que actualmente están procesados por ocultamiento de pruebas.

Aceptan las pericias oficiales sin chistar y contrataron para reforzar su posición al experto en explosivos, comandante Laborda, de gendarmería nacional. Una vez contratado, este cambió su hipótesis inicial acerca de una explosión interna y aceptó también la teoría oficial del coche bomba.

Amia y gobernabilidad

La comisión Parlamentaria elogió sistemáticamente el trabajo realizado por Galeano, en otra demostración de la voluntad política destinada a conservar el status quo y evitar una investigación que pusiera en jaque al gobierno de Menem, antes, y ahora al pacto de gobernabilidad, entre aquel y De la Rúa.

Galeano es el principal responsable de la investigación, hoy criticada por la propia cámara federal, que recientemente dictaminó que la causa fue llevada con lentitud y calificó la labor del juez como poco fructífera. Además le exigió una serie de medidas y la profundización de pistas que Galeano, con el aval de todos los sectores antes mencionados, omitió realizar.

Entre las fallas y delitos mas notables cometidos por el juzgado y la fiscalía podemos destacar que el juez cometió por lo menos cuatro delitos flagrantes en el transcurso de la causa, además de un sin fin de irregularidades.

Mandó a peritar el motor para encontrar restos de explosivos cuatro años después de la bomba y no observo las normas procesales en la recolección de las pruebas fundamentales para determinar el origen de la explosión.

El juez permitió que se tirara con una topadora una gran cantidad de pruebas al Río de la Plata desde la ciudad  universitaria, o que se transitara con libertad  por ese predio para robar o agregar elementos probatorios.

Tarde pero seguro

Después de tres años solo se habían juntado piezas de vehículos diversos que el POC atribuyo como pertenecientes a un vehículo Trafic cuya totalidad no superaba el diez por ciento de la camioneta. En todos los atentados registrados en el mundo y realizados con coches bomba,  siempre queda en el lugar mismo de la explosión o cerca del cráter no menos del 35 al 40 por ciento del vehículo. Como se insistió desde la investigación periodística realizada por medios independientes, el juzgado dice tener ahora, milagrosamente, mas del 70 por ciento del vehículo. Estas “nuevas pruebas” fueron secuestradas con posterioridad de desarmaderos y talleres vinculados a la banda de Telleldín, pero de ningún modo podemos asegurar que hayan estado, ni siquiera, durante la explosión.

Tampoco se investigaron las mentiras de la única testigo que dice haber visto una Trafic segundos antes del estallido. No existe un solo testigo presencial - a pesar de que hubo decenas de ellos en el momento del hecho- que haya visto circulando o estallando vehículo alguno. De todos modos, en el barrio del Once donde se transportan numerosos tipos de mercadería es imposible caminar un lunes por la mañana cuatro cuadras sin toparse con varios vehículos de carga con estas características.

Apuntalando mentiras

Galeano sobornó en distintas oportunidades -la más notoria está en el video de Cúneo Libarona- al imputado en la causa Carlos Alberto Telleldín. Además, permitió toda clase de interferencia política en el caso. Nunca tomo las medidas necesarias dentro del expediente ni dentro de las instancias judiciales correspondientes para exigir el apoyo necesario de las fuerzas de seguridad que investigan el caso.

Por otra parte, el juez omitió permanentemente investigar la conexión local. Liberó a sospechosos fundamentales ligados al poder menemista, entre ellos, a Nassib Hadad que compró -como consta en el expediente-  el explosivo necesario para cometer el atentado y dejo un volquete en la puerta de la Amia cinco minutos antes de la explosión. Nadie niega alguna clase de participación de este volquete en el hecho, a pesar de que el pedido fue anulado el día anterior por el arquitecto Malamud -como consta en el expediente- y se llegó a falsificar su firma para justificar su presencia en el lugar.


No hay espacio para la interminable lista de irregularidades cometidas por el juzgado y avaladas por la querella de la DAIA y la AMIA. Muchas de las “desprolijidades” enumeradas aquí también fueron señaladas por la Cámara Federal porteña, pero sólo son un pequeño ejemplo en medio de la totalidad. Sin lugar a dudas, Memoria Activa deberá recusar al juez Galeano y pedir su juicio político. La conocida teoría de que si lo cambiamos puede ser peor, o que la reacusación de Galeano puede significar una caída de la causa, demostró ser equivocada: el estado actual del expediente evidencia ya una causa de dudoso valor judicial. La única manera de llegar a la verdad es desentrañar el sistema de encubrimiento que hasta ahora apaña a los culpables del atentado. De no mediar una enérgica actitud de la dirigencia judía, el juicio oral que se avecina será solamente la teatralización de un gesto de justicia simbólica, pero no real, que dejará mucho más indefensa tanto a la comunidad como a la sociedad argentina.

Basados en el expediente del caso Amia , difícilmente  podemos arriesgar los motivos o las conexiones que posibilitaron el desvío de la investigación como tampoco dilucidar enteramente las causas por las cuales los miembros prominentes de la comunidad judeo-argentina aceptaron mansamente la a todas luces falsa versión oficial.

No caben dudas de la irresponsable y obsecuente conducta del juez que deberá ser reemplazado para intentar nuevamente llegar a la verdad.

Resolver  este caso paradigmático, el caso mas importante de la historia penal argentina desde  el juicio a la junta de comandantes ,  implica penetrar en un sistema de impunidad que alcanza a las mas altas esferas del poder menemista, a las mafias policiales y que  también se conecta con los casos mas importantes de corrupción de los últimos años tales como el contrabando de armas, la causa del oro , el atentado a la Embajada de Israel etc.

Pero lo que hace mas difícil encontrar la verdad es que una investigación profunda echaría por tierra el pacto de impunidad o gobernabilidad  cerrado por el Delaruismo con el menemismo.

 

El informe de Hunter

 

Charles Hunter -que trabaja en la oficina federal IRT-  es un experto en explosivos, con vasta experiencia en atentados terroristas, que fue enviado por el Gobierno de Estados Unidos, inmediatamente después de lo ocurrido en la AMIA para que colaborara con las fuerzas locales en la investigación de cómo se habían producido los hechos.

Hunter, después de examinar detenidamente varias pruebas, elaboró un informe preliminar. Allí sostiene que, teniendo en cuenta que la columna del edificio lindante había sido expulsada hacia afuera de la línea de edificación  y que las mercaderías de los locales contiguos habían sido expelidas hacia la calle, lo más probable era que se hubiese tratado de una explosión interna. Por supuesto, Hunter dejaba sentado que era una hipótesis entre otras y que esa no era la única explicación posible.

Otra de las observaciones del informe se refería a la asimétrica destrucción del edificio, cosa que va en contra de la teoría de un explosivo que hubiera detonado contra la puerta.

Además, si la explosión total se hubiera generado solamente fuera de la AMIA, el daño en los edificios de enfrente y linderos debió haber sido mayor.

Si bien luego, por motivos justificados o no, el informe de Hunter  coincide con la teoría del coche bomba, dicho experto internacional en el tema, con más información acerca de este tipo de atentados, y varios días después, no compartía la certeza de cómo habían ocurrido las cosas  que tenía el personal policial, apenas 45 minutos luego del atentado.

Hunter estuvo presente en la audiencia realizada en Washington en 1995. Allí, antes de que comenzara la presentación de  mi informe para el Congreso norteamericano y con la finalidad de chequear su veracidad, Hunter leyó en inglés el contenido en el que hacía alusión a su informe preliminar. Yo había accedido a su trabajo en Buenos Aires y noté que esas primeras apreciaciones eran contradictorias con el informe final del State Departament, que avalaba la hipótesis de la justicia argentina. Hunter leyó mi trabajo y no desmintió mis dichos.

El informe de Hunter sostenía: "The Argentine Federal Police reported that at approximately 0955 hours, july 18, 1994, a white Renault Trafic was observed traveling at a slow rate of speed westbound on Tucuman street toward Pasteur street. The van, a 1991 Renault Trafic was operated by a lone male suspect. Witnesses claimed that the driver was middle eastern in appearance. Photograph 3 through 7 show views of  a similar Renault Trafic Van. The van executed a left turn and proceded north on Pasteur. Seconds later there was a detonation of an improvised explosive device in front of 633 Pasteur street, the AMIA bullding"

Unas páginas más adelante se planteaba que: "Additionally, the time span between the Renault's right turn on to Pasteur and the detonation supports this theory. Near the location where the engine block was discovered, a human leg and foot, along with several pounds of human flesh, were recovered along with the charred sole of a Reebok sneaker. In the same area, the bronze bullding marker plate, normally located north of the front door was located with traces of flesh and hair at an impact point near the center. The bronce plate is depicted in photograph 36".”

En definitiva, el informe Hunter reúne hipótesis que en algunos casos van más allá de lo postulado por las fuerzas de seguridad nacional, pero queda atrapado en una serie de datos falsos que lo hacen un documento de una validez relativa. Sin embargo, algunas de sus observaciones -pese a que quedaron limadas en el informe final preparado por el Departamento de Estado norteamericano - son aportes a tener en cuenta, si se lo lee con la suficiente distancia y detenimiento y sin afán de usarlo como aval de una teoría como hizo la policía argentina.