El
reverendo Grondona y la inmaculada concepción de la imagen pública
Las Madres lavan más blanco
Se
supo que el periodista de Hora Clave intentó ser aceptado como profesor ad
honorem en la Universidad de las Madres. Pero su cátedra no fue aceptada. Aquí,
entre otras cosas, se indagan sus intenciones.
Teléfono
en la casa de las Madres de Plaza de Mayo, atiende un pibe que está ahí. Es de
la producción de Mariano Grondona para hablar con la presidenta. La presidenta
no está. Entonces con alguno de los responsables de la Universidad de las
Madres, por favor. No hay nadie a mano. Muchas gracias, nos comunicamos en otro
momento. Teléfono a los dos días, mensaje: El Dr. Grondona se ofrece -ad
honorem, por supuesto- para dar clases en la Universidad de las Madres de Plaza
de Mayo. Luego, las dirigentes de la Asociación discuten rápidamente la
posibilidad. Conclusión: las Madres eligen las prendas y esta -por manchas
indelebles que no se borran con un salto inteligente- no merece el sol de su
patio intelectual. Teléfono otra vez en el mismo lugar, una semana después. El
Doctor se ha hecho verbo y habla con Hebe para invitarla a su programa, no
menciona su sugerencia próximo pasada. Hebe dice que prefiere no ir, que cada
vez la línea de Hora Clave le gusta menos, etc. Gracias, gracias, clac, clac.
El Evangelio según San Mariano
Hasta
aquí una anécdota doméstica cuya publicación no permite por si misma sacar
trapos al sol ni señalar manchas en una ropa que hace tiempo está a la vista,
sino más bién observar de cerca la tela, como en esas publicidades de jabón
de lavar con técnicos de guardapolvo.
¿Qué
ace que el Dr. suponga que su traje gris ubicuo pudiera parecer más
blanco junto a los pañuelos de las Madres? ¿Qué alarde ideológico inclina su estrategia a pretender que a la
Universidad de las Madres le conviene su presencia?
Este
intento tiene antecedentes. Se sabe que Hebe de Bonafini y Sergio Schocklender
trabajan juntos. Tiempo atrás, Grondona presentó a Schoklender en su programa
como supuesto parricida, ex convicto y actual letrado militante por los derechos
humanos. Después de hacerle algunas preguntas y tratarlo de Doctor ("usted
es abogado como yo") Mariano reformula la vida de Schoklender a modo de parábola
que invita a su propia redención: la gente puede convertirse y mucho y para
bien, yo -que antes era golpista- ahora soy algo así como la encarnación de la
democracia.
Mutatis
mutandis, Sergio, en la santa versión
mariana, es Magdalena. Y el periodista es Nuestro Señor que lo acepta en el
rebaño civil mientras aprovecha para lavarse los pies sucios con lágrimas retóricamente
robadas.
La Acción Catódica
Mariano
Grondona usa gestos de cura, tanto como no lo había hecho en su época con San
Bernardo. Mezcla amablemente la oratoria con la oración. Entrelaza las manos a
la altura del pecho, nunca parece apasionado, habla con voz suave y baja, hace
pausas más cortas que las de Guerrero Martineitz pero un poco más largas que
las acostumbradas en tv. Cita los Evangelios (en particular, parábolas) y otros
textos como si fuesen sagrados (un recuerdo para Alfonsín, que en campaña
electoral recitaba como letanías los párrafos de la Constitución). Cuando
presenta una situación como límite, invoca a dios. Los curas de apariencia
reflexiva se cuentan entre los invitados favoritos a su programa: Monseñor
Laguna, el Padre Mujica, etc.
El
crimen de la chica Fraticelli ha espantado doblemente al cura-Doctor-periodista:
"un sacrilegio contra la inocencia" cometido aparentemente por
"católicos practicantes y misioneros", agranda la perplejidad mariana
que parece desconocer una cosa tan común como la hipocresía. Su moral resume
lo esencial de la ética cristiana: culpa, castigo, redención,
culpa. Y trascendencia: los valores siempre vienen de arriba, son una
tradición inmóvil: “Las reglas siempre están por encima de los jugadores”
es una de sus frases repetidas con diversas palabras.
El
padre Mariano da Claves para un mundo mejor: dice que los argentinos deberíamos
tener fe y esperanza (en el futuro del país que tiene todos los climas, en los
"buenos" dirigentes, etc) porque el pesimismo -que se consigue
observando la realidad- es malo. Y cada tanto lleva a llorar a su altar a un
curita sencillo y caritativo como Farinello, con quien compadece. Cumplidas las
tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Amén.
Dejad que los ñoños vengan a mí
Grondona
lleva a Hora Clave a Moria Casán -con quien tiene un pleito judicial que él
ganaría-, públicamente le perdona sus injurias y se arrepiente un poco de su
propio aparente exceso verbal. Su voluntad de buen cristiano corrige (más
allá de) la justicia de los hombres. En otro gesto de sacerdote, su mano
derecha blanca y fina con las uñas esmaltadas sale abierta del pecho y avanza
lentamente hacia adelante sanjando salomónicamente casi todo. El equilibrio
como imitación de la perfección, la bendición de la dorada medianía, el aura
mediocritas. Él es el ejemplo mediático de lo que pretende merecer. Su
discurso no busca la verdad sino la mitad: "Al César lo que es del César...".
El
Profesor Doctor tiene una larga carrera docente en universidades más bien católicas,
ha escrito unos cuantos libros, ha dado conferencias aquí y allá. No es un
mero periodista, una impostura televisiva, sino que ha existido fuera de la caja
y lo recuerda siempre ("Como les digo a mis alumnos..."). Hace el
sacrificio pedagógico de masificar su elevado mensaje; (con)desciende jesuíticamente
a la tierra, se encarna para que el pueblo sepa de qué se trata.
Bienaventurados los pobres de espíritu
Tal
vez sean sus anteojos cristalinamente cristianos lo que confunda a Grondona. Si
perdonar nos acerca a dios, ¿no querrán las Madres congraciarse?. Si la fuente
del bien y del mal es divina y solo Él puede juzgar en última instancia, ¿por
qué van a juzgar mi ideología en vida? Si todos tenemos que perdonarnos,
renovarnos y ser salvos por el Espíritu, ¿no entraremos Balza y yo en el cielo
nacional?
La
idea cristiana del mundo parece chocar con otra por lo menos un poco más laica,
que pretende que los hombres sean responsables solamente ante los hombres de sus
actos y en la que la intención no es lo que vale, sino la historia. Dos
sistemas de valores por lo menos diferentes: en uno el motor es la esperanza, en
otro la confianza en lo que puede comprobarse.
La
moral trascendente del que habla por la sagrada televisión y busca la dorada
medianía, o la moral inmanente de las que dan vueltas por la calle buscando
algo parecido a la verdad.
Mauro
A. Fernández