EL FIN DE LA ALIANZA

 

El fracaso del proyecto de la Alianza consistió en parecerse demasiado a la continuidad del gobierno de Carlos Menem. Sus propios integrantes dejaron en claro en sólo 10 meses de unidad que su objetivo seguía siendo el poder y no un modelo distinto al llevado a cabo por la gestión anterior. La fractura y guerra silenciosa que comenzó con la partida de Chacho Alvarez es sólo el inicio de un quiebre sin posibilidad de retorno.

 

 

Por Antonio Lizzano

 

Todo fue una guerra de operaciones. De jugadas a veces de ajedrez y otras que salieron de pura carambola. La verdadera lucha siempre fue por el poder. Y eso lo entendieron a la perfección el presidente Fernando de la Rúa y su ex vicepresidente Carlos “Chacho” Alvarez. Alguno de los dos debía abandonar el barco. No podían existir dos jefes. Los días siguientes a la renuncia de “Chacho” encontró a los hombres del Frepaso en pleno conflicto con sus socios de la Alianza. No querían ser comprados con puestos de segunda línea y no ingresaron al gabinete hasta que no renunció Fernando de Santibañes. Su jefe había sido claro cuando los reunió aquella tarde de viernes en su casa de la calle Paraguay: “Nosiglia y De Santibañes armaron este nuevo gabinete y De la Rúa estuvo de acuerdo, no podemos dejarnos pasar por encima”, sentenció Alvarez en plena crisis institucional. Sin embargo y a pesar de las banderas de honestidad enarboladas por “Chacho”, ningún político actual está realmente comprometido con la lucha contra la corrupción, sencillamente porque ese cáncer está instalado en el sistema político que nos gobierna. La ventaja con la que corre Alvarez es la utilización del estandarte de la transparencia en beneficio propio. Sabe mejor que nadie que la sociedad demanda actos de pureza política y él está dispuesto a jugar sus cartas en esa dirección. A pesar de su ruptura total con De la Rúa, solamente acordaron pactar una pequeña mentira, que bien podría sintetizar la breve historia de la coalición, nadie en público dirá lo que todos gritan en privado: la Alianza no existe más.

 

SIEMPRE EN CONFLICTO

 

Octubre fue el mes negro del tambaleante gobierno aliancista. Las divisiones y luchas internas fueron cosas de todos los días. La pelea desatada con la renuncia de Alvarez fue una clara señal de una escalada de hostilidades que a veces adquiere mayor importancia y otras veces decae, pero siempre está presente. El conflicto sigue de manera subterránea y sin que sus consecuencias queden a la vista de todos. Los bandos son irreconciliables y saben que llegarán divididos al 2003.

“De la Rúa no confía ni en su sombra”. Esta frase es la que más pronuncian los hombres cercanos al primer mandatario. Ellos saben que el presidente siempre construyó su poder casi por afuera del partido radical. Es un enemigo declarado de Raúl Alfonsín y sus propios correligionarios lo consideran un tibio. De la Rúa le guarda mucho rencor a los caciques radicales por tales afirmaciones. Cree que su fuerza reside en la confianza absoluta que le tiene a los de su propia sangre y a los amigos de toda la vida. Además, de odiar a cualquiera que le pueda hacer sombra. Por eso, no fue extraño el armado de poder que realizó a partir de su llegada a la presidencia. Las decisiones son consultadas con un pequeño grupo integrado por su hermano y ministro de Justicia, Jorge de la Rúa, su primo Eduardo, su hijo Antonio, su amigo Fernando de Santibañes, su secretario privado Leonardo Aiello y la asesora presidencial Paola Cocciaglia. Fuera de este círculo íntimo los oídos de De la Rúa sólo le prestan atención a las palabras del ex ministro del Interior, Enrique “Coti” Nosiglia. Nadie más es consultado. Ni el radicalismo ni el Frepaso participan de la toma de decisiones. Raúl Alfonsín no pierde oportunidad para aclarar que se entera de las medidas presidenciales por los medios. Y “Chacho” siempre supo que los íntimos del primer mandatario lo consideraban un estorbo. Alguien con demasiadas ganas de figurar. Por eso hicieron todo lo posible para que el poder fuera solamente manejado por el primer mandatario.

El radicalismo por su parte se siente dejado de lado. Liderados por el ex presidente Alfonsín y siempre al borde del colapso, los hombres de la UCR le exigen a De la Rúa una mayor participación en la toma de decisiones. Con su último cambio ministerial, el presidente trato de quedar bien con los de su propia agrupación sin dejar de resaltar que sus mayores fuentes de consulta estaban fuera del histórico edificio de la calle Alsina.

El tercer grupo que lucha por el poder, es el que encabeza Alvarez y su partido. “Chacho” sabe que una vez alejado de la Casa Rosada no queda otro camino que el de la oposición. Sus maniobras son claras. Por un lado impulsa que su gente ocupe segundas líneas en los ministerios que le ofreció De la Rúa, para demostrar ante la sociedad que la Alianza continúa, y por otro lado piensa en una nueva Alianza que lo lleve a la presidencia de la Nación. Esto quedó demostrado cuando avaló la entrada de hombres de su mayor confianza al gobierno y al mismo tiempo salió diciendo en los medios que su tarea iba a estar dedicada a la construcción de un nuevo movimiento social. De ahora en más, el ex vicepresidente pretende que en su partido todos le respondan y sólo haya chachistas. De esa manera pretende transformarse en una opción válida al modelo económico iniciado por Carlos Menem y continuado por De la Rúa. Negocia con su ex socio, pero siempre tiene a mano la posibilidad de manifestar que ya no tiene nada que ver con el gobierno.

 

LA SOMBRA DEL COTI

 

El enemigo más influyente de Alvarez es Enrique “Coti” Nosiglia. El verdadero poder detrás de De la Rúa y el hombre que más ganó con la salida de “Chacho”. A pesar de no tener ningún cargo público, más allá de ser secretario general de la UCR, la mayoría de sus hombres ocupan cargos estratégicos en la nueva administración. El “Coti” siempre le dijo a De la Rúa que el poder no se comparte. Para él el radicalismo había ganado las elecciones y era quien debía gobernar. Al Frepaso lo veía casi como una línea interna de su propio partido, algo así como la pata peronista de la UCR. Siempre conspiró junto con De Santibañes y varios de los integrantes del Grupo Sushi para que Alvarez se apartara de los despachos oficiales. Sus contactos con el menemismo le dieron una importancia imprescindible para negociar cualquier situación de crisis. Sus enemigos aseguran que es el ideólogo del pacto de impunidad entre De la Rúa y Menem y el único capaz de manejar la Secretaría de Inteligencia.

Su quinta en la localidad de Villa Rosa, su oficina en Corrientes y Callao o las reuniones que lleva a cabo en el hotel Elevage, en Maipú y Paraguay, son los lugares elegidos para pensar las futuras movidas políticas. El poder del “Coti” se comprueba con sólo pasear un rato por la Casa Rosada. Hasta sus propios correligionarios, en voz muy baja, lo acusan de ser uno de los negociadores de la polémica Ley de Reforma Laboral.

La composición del gabinete actual es más nosiglista que delarruista. El actual vicepresidente y presidente provisional del Senado, Mario Losada, es pariente suyo. El jefe de Gabinete, Chrystian Colombo y el nuevo Señor Cinco, Carlos Becerra tienen una excelente relación con el ex líder de la Coordinadora radical. Además, de varios funcionarios de segundo orden y de contar con la admiración de Antonio de la Rúa y el grupo de jóvenes que éste comanda. Entre otros habría que mencionar los nombres  de los mejor ubicados en la escala de poder del delarruismo, para dejar en claro el alcance de Nosiglia: Dario Ricahrte es el segundo de la SIDE, Hernán Lombardi es Secretario de Turismo, Andrés Delich es el viceministro de Educación, Lautaro García Batallán está en el ministerio del Interior y Dario Lopérfido es el Secretario de Cultura y Medios.   Esta vocación por evitar a la prensa y a los cargos de mayor exposición lo convirtió casi en un mito. Alfonsín siempre habla bien del Coti y un amplio sector de la juventud radical de la capital le responde ciegamente. El dato que más lo acerco a De la Rúa fue la cercanía de sus quintas en la zona de Villa Rosa, en donde se cocinan todas las decisiones del ex gobierno aliancista. En esa zona también está la quinta de Santibañes.

Todos estos datos “Chacho” los conoce muy bien. Pero sabe que no puede atacarlo directamente, simplemente porque, como dicen sus amigos: El “Coti” no existe. El mote de monje negro es un invento de los periodistas, o acaso alguien lo ve ocupando algún cargo en el gobierno.

 

UNA PAZ QUE ANUNCIA GUERRA

 

Una vez fuera de la Casa Rosada la orden de “Chacho” a sus seguidores fue muy concreta: atacar a sus enemigos políticos desde todos los lugares posibles. En realidad, lo que todos los integrantes del Frente Grande sabían era que esa directiva equivalía a empezar una guerra contra De La Rúa. Los que más conocen a Alvarez aseguran que en privado sus palabras se dirigen siempre a la conspiración que lo echó del poder. “Chacho” tiene la certeza de que Nosiglia, De Santibañes y Antonio de la Rúa, hijo presidencial y líder del influyente Grupo Sushi planearon su caída. Claro que también sabe que todo esto se produjo porque el propio presidente nunca simpatizó con sus actitudes. De la Rúa quería un vice decorativo y sin aspiraciones de poder. Alguien que lo obedeciera. Una gran cantidad de atributos que  Alvarez no posee.

El único temor de los integrantes del Frepaso es la posibilidad de un acercamiento delarruista con las huestes del menemismo. Ya no sorprende a nadie que la Corte Suprema de Justicia que la Alianza tanto criticó durante la campaña electoral siga siendo la misma y este manejada por Julio Nazareno, un amigo incondicional de Menem. La misma realidad transmite la Justicia Federal, en donde continúan en sus funciones todos los magistrados que obedecían al ex ministro del Interior Carlos Corach.

Ante este cuadro de situación se desató una guerra de operaciones políticas. Los Frepasistas insistieron por todo los medios en que el caso de los sobornos en el Senado sea investigado hasta las últimas consecuencias, en producir pequeños cambios en la economía y en lanzar un proyecto que transparente el funcionamiento y manejo financiero de los partidos políticos. El pacto de “no agresión” es sólo una imagen desdibujada que ya ni los propios medios periodísticos se creen. No es de extrañar que la caída de Santibañes se produzca por un informe que realizó Rafael Bielsa, un chachista, que se desempeña como Síndico General de la Nación.  Los radicales y Frepaistas saben que en el futuro la guerra que en público dicen desconocer se va a realizar a través de operaciones políticas. En definitiva, lo único que parece interesarle a los capos de todos los partidos políticos es llegar al poder para poder perpetuarse en él. El nombre de sus agrupaciones es sólo un problema de mal uso del lenguaje.