FUTURO IGUAL A HOY

 

Por suerte había sol. Me faltaban 3 meses para salir. La cárcel es una mierda de aburrida. Lo vi venir corriendo entre los miles de presos que paseábamos entre los alambres de púas. Había abogados, médicos, muchos comerciantes, peluqueros, dueños de bares. En fin, los que deben estar en un campo de concentración de evasores. Teníamos distintos uniformes: los azules no habían pagado iva, los verdes, ingresos brutos y los pobres de amarillo, contribución territorial. “Cómo cambian las cosas los años”, dice el tango.

“Tengo buenas noticias”, me gritó,” tengo buenas noticias”.

Eduardo estaba adentro por el iva , lo agarraron debiendo seis meses. El juez quiso dar una sentencia ejemplar: dos años. Me daba lástima. El padre había tenido una fábrica textil con trescientos operarios, él se había achicado y achicado, al final tenía 8 costureras. Cuando ya no pudo más, se gastó la del iva. Se jugó y le salió mal.

Respiraba agitado. “tranquilizate, respirá tranquilo”, le dije.

“Acá estamos mejor que en provincia. Hoy me dijeron que Ruckauf tiene lleno un campo de concentración para doscientos mil evasores y otro con ciento cincuenta mil menores de quince años”, le comenté.

“A mí, me dijeron que están preparando uno para quinientos mil”, me contestó.

“¿Y cuál es la buena noticia?”, le pregunté.

“Parece que mi primo -el que es concejal en Merlo- el que gana 25.000 dólares por mes, va a pedir por mí”. Se sonreía. Estaba contento.”Va a hablar con el cuñado del intendente, el que gana 60.000 dólares por mes.”

Los dos nos quedamos un rato en silencio mirando el partido de fútbol de los escribanos contra los carniceros.

“Parece, me dijo mi primo, que nos van a largar a todos. Leyó en internet que le pidieron a Menem que consiga 100.000 millones prestados más. No hay como el turco para conseguir guita prestada. Te acordás cómo festejábamos cada crédito. Diez palos el banco de Basilea. Ciento cinco el Chase Manhattan. El turco sí que sabía... Éstos, no tienen idea lo que es mangar”, me explicaba.

Yo miraba cómo un dentista se agarraba a trompadas con un administrador de consorcios.

“ ¿Y a nosotros en qué nos beneficia que le pidan a Menem que mangue más?”, le pregunté.

“La idea- me dijo mi primo- es que debemos poco. Lo mejor sería deber 500.000 millones. Ahí, ya no te joden más con la corrupción, la evasión fiscal y el déficit de las provincias. Ahí te respetan, te tienen miedo, sos alguien”, concluyó.

“Como nosotros, que estamos en cana por deber cinco cuotas de la moratoria. Si les debés un toco, te hacen el plan de pago a tu medida. Y hasta guita te hacen”, le dije con tono de lamento.

Un viejito de barba blanca se nos acerca murmurando: “yo derroté a la guerrilla”, murmura. “Guerrilleros hijos de puta. Me querían sacar el campo”.

“Che Eduardo ... ¿Y éste quién es?”

“Un estanciero, Anchorena Uriburu, parece que tenía un campo de concentración de guerrilerros en el campo del pozo de Anchorena, en la época de los militares, y ahora esta acá por no pagar la tasa vial. Le debía muchos palos al banco, y se lo remataron, quedó debiendo impuestos. El pobre viejo pide que al menos lo dejen exilarse en Inglaterra”, me explica Eduardo.

“¡Quién hubiera dicho que éramos tantos delincuentes! Cuando yo era chico, delincuentes eran los chorros. ¡Qué ingenuo! Gracias al gobierno de Menem ahora sabemos que hay cientos de miles de jóvenes drogadictos delincuentes, cientos de miles de evasores como nosotros, prostitutas y travestis.

¡Qué calaña de gente vive en este país! ¡Qué ingratitud con el turco! Y pensar que gracias a todo lo que él hizo por nosotros, por fin pudimos saber lo que en definitiva éramos: unos ingratos, murmuré.

 

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Claudio Madanes

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