Elisa Carrió
"Los políticos vienen el latas de sopa"
Por Gabriel Levinas
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-¿Cómo vivís la contradicción
entre las estructuras de la Iglesia y tu fe cristiana?
-Siempre cuestioné la organización de la
Iglesia. Voy a misa porque allí encuentro la
palabra y la comunión de la eucaristía. Podría -¿Lo que te pasa con la Iglesia
te pasa también con el radicalismo? -Yo soy radical, estoy
profundamente comprometida con mi partido. Pero estoy en el radicalismo para
cambiarlo, no estoy de acuerdo con todas las estructuras, ni los modos de
comprar boletas, ni los modos del gobierno. Las personas llegan a una etapa de
su vida en que pueden cambiar las cosas; ésa es tu lucha y si no cambian, a
pesar de ella, ya no es tu problema, el problema es tu lucha. El verdadero
dilema es no pasar tus límites, poder plantarse en una ética de la conducción. -¿Te parece posible ese cambio a
través de tu lucha? -Para mi el radicalismo, el
peronismo, el socialismo no son las estructuras. Son los radicales, los
peronistas, los socialistas, la gente. Así que yo creo que allí está la
potencialidad del cambio, creo en la Argentina que va a cortar transversales
cada vez más claras. -De algún modo en los pocos
meses de gobierno se ven cambios, respecto a lo propuesto en la campaña política,
que van más allá de lo esperado por vos... -Directamente no creo que sean
cambios, creo que son profundizaciones del modelo que yo combatí siempre. -¿Sabías que eso iba a pasar? -Te diría que hasta el año
pasado tenía una gran esperanza y de hecho acompañé a Fernando y a Graciela
en la campaña por todo el país. Cuando sale la carta de los argentinos, yo veo
que la política contra la pobreza no forma parte del proyecto de gobierno. Ahí
es cuando digo que la plataforma en materia de pobreza es light. Entonces
alguien me llama por teléfono y me dice: para qué empezás a cuestionar esto
ahora si vos sos ministeriable. Yo respondo que ahí está el
desentendimiento brutal. Yo no busco el ministerio, yo busco que la Alianza
luche contra la pobreza. A partir de allí tuve algunas severas dudas, me dio
mucho miedo oír toda la promesa electoral porque sabía que aun el gobierno más
progresista no las podría cumplir. Dije en muchos reportajes que con la Alianza
nada iba a cambiar de un día para el otro sino que la Alianza era la única
posibilidad de que algunos debates y discusiones pudieran empezar a darse en el
país. - ¿Perdiste las esperanzas? No tenía una esperanza absoluta,
pero sí pensaba que habría un mayor espacio para el debate. La pelea ahora es
para que no se oligarquize la palabra. Se ha oligarquizado el reparto de los
cargos, lo que no puede haber más en este país es oligarquización de las
palabras. ¿Quién oligarquiza la palabra? -¿ Quién? No pueden callar a quienes hemos
recorrido el país para construir esta alianza , a quienes hemos combatid la
cultura menemista poniendo el cuerpo, recibiendo amenazas, con hijos controlados
por parapoliciales, y resulta que ahora estamos obligados a callar ¿ quién es
el que permite hablar en este país? ¿ Por qué puede hablar el hijo del
presidente y no puedo hablar yo con la legitimidad social que tengo?
Creo que hay que abrir el debate. El problema de la Argentina es la
oligarquización de la palabra, la oligarquización del pensamiento único, la miseria de inteligencia y de imaginación
para contruirnos un futuro,
cualquiera que sea el precio. Yo estoy dispuesta a mantener ese debate abierto.
Para mucha otra gente que quiere ser por lo menos una voz dentro de otras voces.
Yo no digo ni que yo tengo la razón, ni que yo tengo la verdad, pero tengo pretensión de verdad , y a lo que yo no
estoy dispuesta es a defraudar electorado. Yo no traiciono a los que prometí, a
lo que la gente cree que yo soy y yo pienso, porque soy eso y no lo voy a
traicionar. Me voy a encontrar conmigo todos los días cualquiera sea el precio
que tenga que pagar. Pero ¿no pudiste negociar tu
imagen, necesaria para ellos durante la campaña, a la hora de formar gobierno y
por líneas más cercanas a vos para gobernar? -
Lo que pasa es que yo no creo que haya que
negociar nada. - Hablaba de hacer valer tu peso,
ya que sos una figura política con mucha aceptación en la gente. No, yo creo que de esa manera
terminaría utilizando el amor de la gente. Cuando a una le es transmitida esa
energía positiva, cuando hay transpolación de energía posiva una tiene que
devolverla . Entonces en este momento
mi función es plantarme, para que esas voces puedan ser escuchadas, no sólo la
mía. Plantarme para que pueda ser escuchadas las otras voces. Si yo negociara
esto, por cargos de poder, que de hecho te ofrecen para callarte, estaría
usando a los otros. Yo sabía que me usaban, pero también sabía que era
importante que estuviera en contacto con la gente. No te olvides que siempre somos
mejores que el menemismo, pero no me resigno a ser sólo algo mejor que el
menemismo. Aunque eso me cueste mucho en términos personales. Palabra tomada
¿Existe alguna relación entre los grandes grupos que monopolizan los medios y lo que vos llamás la oligarquización de la palabra? -En
realidad, en todo occidente se da la oligarquía de la palabra, que destruye a
las democracias porque justamente la democracia es la posibilidad de la
pluralidad de voces. Los monopolios económicos llevan finalmente a monopolizar
la palabra, porque lo que cambia al mundo es el discurso, el discurso
construye la realidad. -¿Cuál es la consecuencia? En la medida en que algunos discursos no son escuchados, es imposible construir una mirada desde otro lugar. La pobreza, durante muchos siglos no fue problema, existía, pero no fue un problema porque no estaba en el discurso. Entonces, incluir la pobreza como problema social en el discurso político necesita de la pluralidad de voces, propia de la democracia. Cuando se oligarquiza la palabra, la pobreza puede pasar a ser un destino y no un problema. La función del periodismo independiente, la función del político, la función de todos los que queremos una democracia como reconocimiento del otro, es básicamente abrir la palabra ¿Vos vendrías a ser algo así como una radical independiente, no? Yo no
soy una radical independiente,no tolero el mando autoritario, soy muy
disciplinada a los principios de mi partido, pero no soy disciplinada a los
hombres de mi partido. Además soy absolutamente republicana, creo en el
parlamento como en un lugar de debate, no creo en el parlamento como en un lugar
donde tropas levantan la mano. Soy republicana y soy disciplinada a los
principios de mi partido. Tomates podridos Votaste en contra de la reforma laboral que impulsaba Fernando De la Rua ¿Cómo repercutió eso? -Yo no
puedo ser ahora una rebelde, porque soy previsible. Nadie me puede decir que yo
he votado distinto a lo que he votado hace un año. Entonces el problema de los
cambios y la rebeldía a los príncípios es de otros. Pero yo no soy rebelde a
los principios que he sostenido. Todo el mundo sabe cómo voy a votar, porque
saben que hay cosas que forman parte de las estructuras morales y de los
principios políticos que definen una vida y una conducta que son
inmodificables. Yo quiero que los partidos sean previsibles, que los principios
se mantengan y que los hombres tengan estructuras morales. No la política como
uso, que usa al votante, mientras el establishment a su vez usa a los políticos.
No quiero que todo termine en un aparato de marketing político donde se venden
las latas de tomate campbell, en las que uno no sabe si el tomate está podrido. Yo creo
que en este momento estamos siendo conducidos por políticos producidos por
asesores de imagen, como hermosas latitas Campbell. A estos
hombres producidos les rompen el aparato cíclico, y entonces se juega el fin de
la política con sentido, porque incluso la única política con sentido que se
hizo en este país, la hicieron mujeres, y de las victorias se apoderaron los
hombres ¿Te parece que son irremediables los males de la globalización y de la economía? -En
general lo político sin imaginación siempre está muy influido por la
tecnocracia, y la tecnocracia padece siempre una resignación, producto de
que además los tecnócratas viven de las consultoras y las consultoras viven de
las empresas y hay una complicidad que no se puede romper. Pero la tecnocracia
no tiene por qué ser imaginativa, no tiene por qué imaginar. Construir el
orden simbólico de un país, ése es el papel de las política. Ahora, cuando
la política deja la construcción de un país en un orden simbólico,
entonces avanza la resignación tecnocrática. Se impone frente a la falta de
visión la receta que te venden en cualquier lugar del mundo, es más, yo creo
que el FMI (lo he leído mucho a Víctor Tánsi) no te impide aplicar impuestos
a la renta financiera, te lo pide. La pregunta es por qué aplicamos el
impuesto a las ganancias a alguien que gana 1500, y no aplicamos un impuesto a
la renta financiera. Ni siquiera es por condicionamiento internacional, es por
complicidad interna. -¿Qué futuro ves para los chicos que salen del colegio sabiendo gue no van a conseguir trabajo? -Yo creo
que hay que construir otro orden simbólico, hay que imaginar un país que
pueda ser vivido y a partir de ahí diseñar políticas. Yo no puedo pensar,
primero tengo que tener ingreso ciudadano para la niñez, en algún punto la
injusticia de la herencia debe ser cortada. Es decir, no puede ser que a la
injusticia de tener un desocupado se sume la injusticia de que el hijo del
desocupado no coma. Hay que construir un área social de la niñez, hay que
construir escuelas. Para eso hay que tener un país pensado. La cuestión no
pasa por cómo evaluás a los docentes, ésta es una discusión anacrónica
y ridícula para un país que no sabe para qué quiere la educación. Vos
evaluás primero en función del país que querés construir. – ¿Entonces...? - Yo
creo que hay muchas posibilidades en la medida en que entendamos que la
esperanza es una lucha, y se deje la ilusión de lado. Es como el camino de la
cruz, que uno se levanta, se cae, se vuelve a levantar, sigue peleando. La vida
es eso. A veces parece que estamos muertos, que estamos derrotados, a veces
parece que El Porteño no va a salir nunca más, a veces parece que algunas
voces no se van a escuchar nunca más y, sin embargo, la esperanza es una
lucha permanente, donde no se da un cheque en blanco a nadie sino que es una pelea
por las condiciones más profundas de la sociedad. En las cuestiones de la
resolución del tema de la identidad, el destino está abierto y además yo no
me juego la vida en un gobierno de la Alianza. En realidad se nos juega la vida
a todos en la medida en que no postulemos la lucha permanente como una forma de
construir la esperanza.
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