Jorge Pirozzi tras las huellas del cazador de
elefantes
Pirozzi es uno de los mejores pintores de su
generación e, indiscutiblemente, uno de los más apasionados. Es esa
pasión la que nos hizo retirar nuestras preguntas del reportaje, para
admirarla y para que en un monólogo inteligente, original y continuo,
nos pinte su mundo sin tocar los pinceles.
La herramienta devela la relación
Para
explicar la relación entre el arte y la realidad me tendría que poner
a ver las cosas que tengo en la cabeza desde hace mucho tiempo, no hay
forma de explicarlo.
El arte no refleja la realidad, tampoco es una herramienta para
contarla.
Es más fácil explicar qué es un pintor.
Pensar así es más posible: el mero análisis de la herramienta devela
una relación con la realidad sin conocerla.
Si hago un estudio arqueológico y encuentro herramientas, me puedo dar
cuenta de cosas que no puedo ver en una realidad del pasado que ya no
existe. A través de esas herramientas voy a poder discernir algo acerca
de cómo era la relación del hombre con la realidad en ese momento.
El arte es otra cosa. No tiene ningún tipo de obligación de reflejar
la realidad.
Que se produzca de una realidad aparente es posible, pero cuando uno lo
recibe ya es otra cosa, recibe otra realidad, no es un vehículo de ésta,
no se usa para eso. No se usa para nada.
A veces pensé que lo que yo hacía (es muy pretencioso lo que voy a
decir) era igual a lo que hace un pigmeo: en cada una de sus tribus hay
un especialista que caza elefantes, arriesgando su vida al perseguir a
estos grandes animales. Los mata con unos dardos muy chiquitos,
envenenados. Los ensarta y después los sigue tres días hasta que el
elefante se muere.
Cuando lo ve morir, (si no lo mata antes a él, por que no es joda ya
que le tiene que tirar desde muy cerca, después de tres días de
caminata por la selva) le corta una oreja o una parte del cuerpo y
vuelve a su tribu para demostrar que cumplió su labor.
El grupo va hasta ese lugar, se radica donde murió el elefante y vive
un año o dos años de su carne, por que lo ahuman y lo consumen durante
mucho tiempo.
El cazador tiene una pulsión hacia el elefante, tiene una función
precisa que es perseguir su presa, algo que siempre se le escapa.
Persigue algo.
Suele haber una ansiedad muy grande en el momento EN que está por
hacerlo, y debe ser bárbaro cuando el tipo lo cazó y muy jodido cuando
se le escapa.
Eso es lo que para mí pasa con la pintura, pero peor todavía porque
con la pintura nunca se ve al elefante, nunca sabés lo que estás
persiguiendo, siempre estás aproximándote a algo muy extraño, que no
sabés qué es.
Hay quienes hablan del elefante mucho mejor que yo: Humboldt, Darwin.
Ellos sabían de elefantes una barbaridad, pero no sabían cazarlo y yo,
que ni siquiera lo conozco, pretendo cazarlo.
La sensación de haber estado cerca
Hay pintores que creen haber conseguido algo, yo sé
que conseguí la sensación de haber estado cerca de algo, que no sé qué
es, y eso es lo que me hace reincidir. Es una sensación más o menos
cierta.
Si vos trabajás con una receta de cocina, obviamente vas a llegar a
algo, porque es seguro el destino. Es difícil configurar una cosa que
no sabés qué es. Por eso me es difícil hablar de una realidad, yo no
sé si alguna vez partí de una realidad. A lo mejor fue de la realidad
de un momento determinado, una realidad temporal, nunca una realidad
concreta.
Yo creo que la realidad y el tiempo no existen, que todo es una ilusión,
pero no una ilusión desde el punto de vista literario como decía
Calderón de la Barca. Yo creo que todo consiste en tensiones de energía
y materia definidas casi al nivel de física cuántica, es como que todo
se limita a eso, y lo demás son todas formas.
Desde acá hasta allá aparentemente hay cierto espacio, pero es una
mentira, en realidad no hay un espacio, hay un espacio porque nosotros
nos diferenciamos y ocupamos los distintos lugares, pero esto está todo
junto, hay tensiones que en definitiva son lo que se percibe y lo que se
ve.
Yo cuando pinto no intento nada, pinto. No existen para mí las ideas en
la pintura, lo único que existe es el cuadro. Yo creo que el cuadro está
en la pincelada, no existen los colores, es mentira, el color es tan
arbitrario como un tono musical, hablar de rojos es como hablar de un
sol sostenido, que no me la música. Uno puede decir que está
trabajando con determinado tipo de cosa, pero lo que se ve en realidad
es lo último que pasó, lo que sostiene la imagen es la pincelada.
La pintura indefine
Es cierto lo que dice Carlyle: lo único que no se
degrada del arte es la ejecución.
La pintura indefine la realidad, no la define. No existe el arte
conceptual. El concepto no tiene nada que ver con el arte. Las
pinceladas y el cuadro resultante serían apenas las huellas del cazador
de elefantes.
Yo soy un pintor, entonces no sé si puedo hablar de arte. El arte es
una cosa que tiene que ver con la historia. Los críticos de arte no se
meten con la pintura porque no la conocen. Hablan de otra cosa. Llevan
al plano del lenguaje lo hablable de todo esto.
Creo que con la pintura te acercás a esas cosas que están fuera de
uno.
La pintura tiene que ver con la inminencia de una revelación que no se
produce, con algo que tiene que aparecer y no aparece. El gran error del
cine argentino es, justamente, que explica todo, todo el tiempo. Incluso
las manos sobreactúan. Y además de explicarte, te dejan una moraleja
al final por si no lo entendiste. Hay que parar antes de que el hecho se
produzca. En el momento en que se explica pasa a ser una fórmula. Lo
que tiene de bueno la sonrisa de la Gioconda es que todavía nunca sonrió.
Lo interesante es siempre el momento previo.
La lluvia seca
Si la pintura explica la realidad, es pintura
realista. Pero es contradictorio decir pintura realista, como también
es contradictorio decir arte conceptual. Hace tiempo que se habla mucho
de arte conceptual. Para mí el arte conceptual no es una obra, sino un
deseo, un deseo de cómo debería ser la obra. Un deseo que no termina
de concretarse. Y antes de que se concrete aparece otro deseo que es
otra obra de arte conceptual, y así sucesivamente. El arte conceptual
es un hijo predilecto de la crítica. Decir arte conceptual es lo mismo
que decir lluvia seca. Son opuestos, antónimos. Son dos términos que
se están negando mutuamente. El arte es aquello que no conceptualiza
absolutamente nada. Lo que tiene de bueno el arte es que señala algo
aparentemente estable, lo inestabiliza y lo muestra de diferentes
formas. El concepto, en cambio, hace lo contrario. Encuentra una misma
palabra para una diversidad de cosas. Elimina todas las diferencias.
Hace que un árbol se vea como nunca fue. El arte recupera todo lo que
el concepto unifica y elimina. Por eso el arte es una cosa y el
concepto, otra.
El arte recupera la diversidad y el concepto hace desaparecer la
diversidad, eso lo dice Nieztche y si lo dice Nietzsche es palabra
sagrada. Yo creo que fue el único tipo irrefutable en la historia del
mundo, por eso no se enseña Nietzsche, porque enseñan aquello posible
de ser entendido o de ser aceptado, y si aceptás a Nietzsche te tenés
que matar y la sociedad tendría que desaparecer.
Van Gogh, un mamarracho
¿Por qué Van Gogh fue considerado un mamarracho en
su momento?, porque la sensación de la gente es que un mamarracho es
aquello que cualquiera puede hacer y aquello que la gente no puede hacer
está bien pintado.
La gente dice: esto no lo puedo hacer yo, esto es bárbaro. Se valoriza
a partir de su propia ineptitud.
Aunque sea un payaso llorando, una porquería, lo evalúan por su nivel
técnico, si ellos no lo pueden hacer, es una maravilla.
Es lo mismo que pasa con el bricolage. A la gente le enseñan a resolver
técnicas para que crean que están pintando. Aprender bricolage es lo
mismo que hacer un curso de eyaculación precoz, es una cosa ridícula,
cómo vas a aprender una técnica para incrementar tu ineficacia sexual.
Y un mamarracho puede llegar a ser un payaso llorando bien pintado ¿por
qué? Porque está lleno de lugares comunes.
Van Gogh es tan bueno porque es la ausencia total de lugares comunes, no
hay nada que se le aproxime. Eso pasa con Pollock, es un conceptual,
porque el hecho de no haber caligrafía y el hecho de hacer que la
impronta personal quede librada a la ley de gravedad, es conceptual, la
gota va a ser siempre la gota, pero lo que produzca la gota no, es
conceptual el armado de la imagen. Pero si repetís el proceso y aunque
consigas lo mismo, el Pollock no te sale. Es lo mismo que Mozart, hoy
sería fácil imitarlo, podrías hacer un Mozart perfecto, yo puedo ser
un estudiante de música y componer bien una obra a lo Mozart, pero en
el momento que cae la gota, o que la nota es escrita, queda la impronta
del tiempo y sin ella no tenés ni Pollock ni Mozart. La energía del
momento es lo que define esa situación de límite. Lo que tiene Pollock
es que no deja abierto el camino de la expresión, lo cierra porque si
te ponés a tirar pintura no podés no parecértele, entonces entramos
en los lugares comunes también. Lo que persigo es entrar en los
intersticios caligráficos, crear un espacio que no estaba.
Es como dice Borges: el arte no es platónico es concreto. Cuando es
platónico es crítica de arte, es un punto de apoyo en la conciencia
del modelo. El crítico compara, no puede ver. Lo que hace es
transformar el arte en algo que no tiene que ser. No hay nada fuera de
lo comparable para el crítico, cuando está fuera de lo comparable no
puede verlo.
Gabriel Levinas
El
Porteño
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