BERAJA:
DE CORACH A GIL LAVEDRA.
El cierre del Banco Mayo dejó heridas que todavía están sin cicatrizar. Los vaivenes de la causa judicial y todas las influencias políticas dentro del caso, no solo demostraron la relación de Rubén Beraja con el gobierno de Carlos Menem sino que además cristalizaron sus vinculaciones con dos altos funcionarios del gobierno actual.
Hacia fines del 98, el sistema bancario nacional recibió sin estupor una
noticia que ya era un secreto a voces entre los banqueros: El Banco Mayo cerraba
sus puertas dejando una deuda irrecuperable para todos sus ahorristas. En ese
entonces, los perjudicados apuntaron como el máximo responsable del cierre a
Rubén Beraja, presidente del banco, quien
a su vez era el presidente de la DAIA.
Tal vez por su relieve público, y por los exacerbados fantasmas de la
AMIA que no dejaban de acosarlo, un tufo eminentemente político impregnó la
causa. Las relaciones de Rubén Beraja con el entonces ministro del interior
Carlos Corach empezaron a despertar suspicacias ante cada escollo que le surgían
a los querellantes. Además, el actual ministro de Justicia, Ricardo Gil
Lavedra, apareció súbitamente como mediador de partes dejando entrever a los
ahorristas que Rubén Beraja iba a solucionarle todos sus problemas. Por otra
parte, también Mario Vicens, ahora secretario de Hacienda, fue identificado por
los mismos ahorristas como uno de los asesores económicos del Banco Mayo que
los persuadían para invertir en las mesas de dinero del propio banco.
En
este ambiente brumoso, la causa cayó en el juzgado federal de Adolfo Bagnasco y
a partir de allì la pesadilla de los ahorristas comenzó a agudizarse sin
tregua. En primera instancia, los abogados querellantes fueron rechazados
reiteradamente como representantes legítimos hasta que la Cámara de
Apelaciones desestimó los argumentos del juez y la causa empezó su curso lento
y pesado. Luego, fue derivada al juzgado de Norberto Oyarbide ocupado por el
juez Gabriel Cavallo debido a la consabida licencia del primero. Las
investigaciones comenzaron a tejer una red de ilícitos financieros en los que
resuenan siempre los mismos nombres y cuyas operatorias relacionan el
vaciamiento del Banco Mayo con un plan deliberado de enriquecimiento a costa de
los dineros de los ahorristas.
La
trama financiera: los amigos de Beraja.
La
investigación penal del caso del Banco Mayo puso en evidencia la existencia de
al menos tres mesas de dinero que operaban en el seno de la entidad bancaria.
Una sociedad uruguaya denominada Trust Inversions, cuyo apoderado argentino era
Rafael Charur, cuñado y amigo íntimo de Rubén Beraja y cuyo director Jaime
Hasbani era directivo del Mayo; Mayflower International Bank, correspondiente a
un banco en las Bahamas, y una tercera mesa en la cual no se entregaba ningún
tipo de comprobante de depósito. Los personas encargados de llevar adelante las
operaciones de las mesas de dinero eran empleados del Banco Mayo.
En
un principio la mesa relacionada con Mayflower funcionaba en Viamonte 2.660
donde tenía su sede la firma Manfisa S.A., que pertenece a Salomón Carlos Cheb
Terrab y tenía como apoderado a José Naftali, quienes en un comienzo eran los
que firmaban los contratos de alquiler de “Bonos” a quienes se los
alquilaban. Cuando el volúmen empezó a crecer y los inversores exigieron un
mayor resplado se les aconseja colocar su inversión en Mayflower International
Bank, un banco de las Bahamas. Luego esta operatoria pasa a ejecutarse desde la
Cooperativa de Viviendas Mayo, que estaba presidida por Naftali y cuyo
vicepresidente era Charur.
Finalmente
toda la operación se traslada al Banco Mayo y es ahí donde comienzan a
funcionar en paralelo las tres mesas de dinero, que eran controladas desde la
gerencia financiera de la Entidad a cargo de Ernesto Yabra que dependía del
vicepresidente Dr. Victor Liniado.
En
los últimos días del Banco Mayo y cuando los ahorristas reclamaban su dinero,
el propio Beraja daba las órdenes para calmar a los inversores y las pocas
devoluciones que se realizaron eran autorizadas por Naftali. Cabe decir que las
escasas devoluciones se hacían directamente a través de las ventanillas del
banco y a personas relacionadas con los directivos del Mayo.
Paralelamente
al funcionamiento de las mesas de dinero, numerosos emprendimientos
inmobiliarios fueron llevados a cabo por empresas pertenecientes al “Grupo
Cheb Terrab” (así identificado por el BCRA), todas gerenciadas por el y
administradas por la Cooperativa de Viviendas Mayo, y que con el tiempo tres de
ellas se transformaron en deudoras millonarias del Banco que manejaba Beraja.
La mayoría de ellas tienen entre sus accionistas a varios miembros del
Consejo de Administración del Banco como Rubén Beraja y Víctor Liniado, además
de los ya conocidos Naftali y Charur.
La
investigación también comprobó que los certificados de depósito de la mesa
de dinero que correspondía a la firma uruguaya Trust Inversions S.A. eran
firmados por Beraja, Ricardo Tobal, Jaime Hasbani Víctor Liniado y León
Laniado, todos integrantes del Banco Mayo.
Finalmente
entra en escena otra firma uruguaya de nombre ICATUR S.A., cuyo representante
accionista es Charur, quien le vende 1.200 semanas de tiempo compartido al Mayo
(un mes antes de que cerrara sus puertas) a veinte mil pesos por semana cuando
el verdadero valor era de tres mil. Evidentemente, se trataba de sacar los
fondos del banco para que continuaran dentro de la bicicleta financiera antes
del cierre definitivo. De hecho, según el propio Charur
el dinero recibido por ICATUR, fue para comprar las acciones nominales
del Complejo EL ESTURION DE MONTOYA, en Punta del Este, cuyos dueños serían
Charur y otros directivos del Banco, según
consta en el expediente.
La
historia del Arq. Carlos Salomón Cheb Terrab es menos misteriosa que llamativa.
Se trata de uno de los empresarios fuertes dentro de la comunidad judía de
desarrollos inmobiliarios. Su relación con Rubén Beraja se da a través de la
relación entre la empresa Manfisa y el
Banco Mayo y ambos resultan los dos artífices del gran poder que asumió el
sector sefaradí dentro de la comunidad judía. Gran parte de su poder se
expresa también en su situación judicial dentro de la causa, ya que el
“Grupo Cheb Terrab”es señalado reiteradamente en las investigaciones y se
habría comprobado la participación de sus empresas en el circuito financiero
del vaciamiento del Mayo, resultó favorecido con una sorpresiva "falta de
mérito" y se le levantó el embargo de 50 millones de dólares que pesaban
sobre sus bienes para que pudiera continuar sus negocios. El rubro empresarial
en el que se desenvuelve con absoluta comodidad está en el sector inmobiliario
y según se desprende de la causa judicial posee
participación accionaria en 50 empresas del sector y algunas de ellas
además figuran a su nombre. En los pasillos judiciales el número causó
asombro y actualmente se está tras la hipótesis de que la relación entre Cheb
Terrab y Rubén Beraja es una relación de conveniencia donde queda dilucidar
quién es testaferro de quién.
Ensayando
el cierre
Janan
Nudel es un psiquiatra quien según los testimonios de Sandra Botner, Susana
Cobe y Oscar Coria (empleados de
las mesas de dinero de Beraja), fue contratado para realizar una
dramatización anticipada del anuncio de cierre del banco, realizado días
mas tarde. Aunque parezca increíble, por orden de Don Rubén, se realizó en el
décimo piso del banco , en Maipú y Sarmiento un ensayo teatralizado para
evaluar las reacciones de los ahorristas y las consiguientes respuestas de los
directivos para minimizar el costo político del cierre, entonces inminente.
.Nudel era el encargado de realizar esta suerte de psicodrama mediático y
evaluar sus consecuencias. La dramatización fue realizada con la colaboración
de directivos de la entidad y algunos empleados leales a la dirección del
banco.
RECUADRO.
Entrevista al abogado de la querella Claudio Lifschitz.
¿Cuál
fue el primer problema que sufrieron los ahorristas en la causa?
La
primer dificultad fue que el juez federal Adolfo Bagnasco no reconocía a los
abogados querellantes porque no se cumplía con los requisitos del código. La
medida fue totalmente infundada porque después la Sala Uno de la Cámara de
Apelaciones declara nulo el fallo por carecer de motivación legítima. Es decir
que hubo que cumplir con trámites innecesarios para poder ingresar
definitivamente a la causa.
¿Por
qué cree que Bagnasco adopta esa posición?
Realmente
es muy extraño todo lo realizado por Bagnasco. Es raro que no nos tomaran como
querellantes cuando había certificados firmados por los propios ahorristas y
donde además constaba una pericia privada sobre sus firmas para habilitarnos
como representantes. Pero no fue esa la única irregularidad.
¿Cuáles
fueron las otras?
La
más llamativa fue la orden de un allanamiento en la calle Pasco 640 cuando en
realidad la casa central del Banco Mayo operaba en la calle Paso 640, donde
operaban además las mesas de dinero. Más allá de la posibilidad de que exista
un error, lo más llamativo es que una vez recibida en el juzgado la novedad de
la comisión policial de que allí no existía ninguna sucursal del Banco, el
juez dispone un nuevo allanamiento recién al día siguiente en la dirección
correcta. Obviamente, al día siguiente solo se secuestraron diskettes con
juegos.
¿Usted
alguna vez se pudo reunir como querellante con Rubén Beraja?
Una
vez en diciembre de 1998 me reuní con el propio Beraja en una de sus oficinas.
Me sorprendió su actitud mafiosa de recibirme con un habano entre los dientes y
sosteniendo entre sonrisas que efectivamente él tenía dinero en las mesas que
operaban en el Banco Mayo. Esta conversación yo la grabé y la presenté en el
juzgado como elemento probatorio y además consta en la causa.
¿La
querella sostiene que el Banco estafó a sus ahorristas?
En
verdad se trata de algo más que una estafa. Por las investigaciones que pudimos
hacer y por los testigos que presentamos en el juzgado estaría comprobado que
aquí hubo una asociación ilícita por parte de Rubén Beraja, José Naftali,
Rafael Charur y Carlos Salomón Cheb Terrab, quienes aprovecharon la confianza
de los ahorristas para montar operaciones financieras ilícitas.